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Reportaje:RUTAS URBANAS

Empanada en el museo

De un bar de moda a una librería de diseño. Los centros de arte barceloneses no son solo para ver obras

Existe gente que va a los museos e incluso observa y disfruta las obras ahí expuestas. Muchos creen que esta es una de aquellas leyendas urbanas como la que cuenta que las alcantarillas de Nueva York están llenas de cocodrilos o que en París hay un camarero amable. Al final, a los museos, como a las bibliotecas, se va a ligar, ¿no? Y ahora también a comer, beber y comprar.

Hace tiempo que las tiendas de los museos dejaron de ser pequeños quioscos para convertirse en espacios cuya mención en las guías ocupa lo mismo que la colección permanente del museo que las alberga. La del MOMA de Nueva York es una de las tiendas de diseño más importantes del planeta; la de la Tate de Liverpool resulta más remarcable que la galería que le da nombre.

Barcelona posee una oferta museística fantástica, tanto por su continente -los espacios son singulares y atractivos, sin caer en la vulgaridad del edificio trofeo- como por su contenido -la potencia de muestras temporales y colecciones permanentes sugiere una ciudad mucho más grande de lo que realmente Barcelona es-. No son necesarias coartadas de ningún tipo para acercarse al Picasso, al Macba o al CCCB. Hay que ser muy bruto para pensar que lo mejor de Cosmocaixa son las vistas desde su terraza, o que lo más atractivo de la Fundación Joan Miró es el bar. De cualquier modo, es cierto que la oferta en ocio, restauración y compras ayuda a convertir estos espacios en experiencias totales, concepto en boga que hoy utilizamos para referirnos a festivales de música, tiendas de moda o clínicas.

C3, el bar del CCCB, se ha convertido en uno de los más atractivos del Raval. La cocina es resultona y poco ambiciosa, pero en la terraza el espacio brilla. Una zona de sofás y otra de mesas congregan un público joven con veleidades creativas, que tanto puede abandonarse a un vermut antes del almuerzo como a esa copa que inaugura la noche o clausura una tarde de arte y ensayo. Se organizan fiestas privadas y los que posean el carnet de amigos del CCCB tienen un 5% de descuento.

Menos ajetreada es la terraza del Museo Frederic Marès. Muchos lugareños la consideran la mejor de Barcelona. Sito en un patio ajardinado cerca de la catedral, es uno de los más bellos rincones de Ciutat Vella. La entrada al museo da derecho a un descuento del 10% en la consumición; si se quiere hacer el recorrido a la inversa, una consumición otorga una entrada al museo a precio reducido.

Ya en el Born, la cafetería del Disseny Hub es otro local con solera. Se popularizó a finales de los noventa (cuando el palacete aún albergaba el Museo Textil y de Indumentària). Situado en el patio, el café se ha convertido en una de las plazas más cotizadas del barrio. En sus mesas se mezclan los jóvenes profesionales que trabajan en la zona con los turistas más osados, que, de camino al Museo Picasso (justo al otro lado de la calle), deciden explorar qué hay tras ese enorme arco. Gestionada, junto a la tienda, por Laie, la cafetería ofrece un menú por 13 euros.

Muy cerca, en el convento de Sant Agustí -espacio que alberga el Museo de la Xocolata y diversas actividades culturales-, está el Bar del Convent. Con una terraza sobre el patio, oferta una programación cultural que incluye muestras de arte, títeres o conciertos de jazz. Sirven las mejores empanadas argentinas de la ciudad y la oferta en tartas podría cancelar cualquier operación biquini.

Aprovechando que se ubica en una montaña y es muy poco probable que nadie pase por ahí y decida entrar a echar un vistazo, la majestuosa Fundación Joan Miró acoge un bar restaurante con una oferta gastronómica más ambiciosa y comodidades que invitan a pasar la tarde combinando la digestión de sus viandas con la de la apabullante colección permanente alrededor del genio catalán, así como las cada vez más atractivas exposiciones temporales.

Pero si existe un bar de museo que todo el mundo, al menos una vez en la vida, debe visitar, es el Bosc de les Fades, adyacente al Museo de Cera. Se trata de un espacio casi onírico que evoca un bosque de hadas. Troncos, estalactitas, velas y demás atrezo configuran este diorama de efectos psicodélicos. Como leer Siddharta o escuchar un disco entero de Lou Reed, visitar este bar con la primera novia es uno de esos peajes que impone la adolescencia barcelonesa. A diferencia de las dos primeras acciones, de esta se guardan gratos recuerdos.

Mientras los bares pueden estar más o menos conectados a la idiosincrasia del museo que los alberga, las tiendas, bibliotecas o mediatecas que estos acogen entran siempre en perfecta sintonía con la realidad del centro. La Fundación Antoni Tàpies, en consonancia con la vocación del artista al que está consagrada, posee la tienda con el mejor merchandising de la ciudad, pero también una magnífica biblioteca, con más de 48.000 volúmenes, 5.000 de ellos procedentes de la colección del artista.

También es destacable el esfuerzo realizado por las librerías Laie y La Central en adaptar su oferta a las salas en las que han ubicado sucursales. Encontramos un Laie picassiano en el Museo Picasso, donde se pone el acento en las obras alrededor del autor y de la Barcelona en la que vivió, mientras que el del CCCB gira en torno al arte contemporáneo y la modernidad, ofreciendo una sólida y constantemente actualizada oferta en libros de diseño, además de una siempre acertada colección de obras que ejercen de bibliografía sobre las muestras que la sala presenta en cada momento. Laie también gestiona espacios en La Pedrera o el Cosmocaixa. La Central, por su parte, posee un espacio de 175 metros cuadrados dedicado al arte moderno en el MACBA y otro alrededor de las artes escénicas, en el edificio del Teatro Lliure.

En el MNAC, la tienda del museo alberga un quiosco en el que se pueden adquirir reproducciones de las obras del fondo del museo. Se escoge tamaño y tipo de marco, y la empresa 1000 Museums se encarga de hacer llegar a casa del comprador la reproducción. Solo hay que sentarse en el sofá de casa, servirse una copa y observar la pieza para repetir, una vez más, esa experiencia total que es visitar un museo en Barcelona.

Guía

Comer y beber

» C3, bar en el CCCB. Montalegre, 5 (933 01 33 15; www.tourmixproductions.com).

» Café en el Museo Frederic Marès. Plaza de Sant Lu, 5 (www.cafedestiu.com).

» Laie en el Disseny Hub. Montcada, 12 (932 95 46 57; www.laie.es).

» Bar del Convent. Plaza de la Academia, s/n (www.bardelconvent.com).

» Restaurante en la Fundación Joan Miró. Parc de Montjuïc, s/n (933 29 07 68; www.fundaciomiro-bcn.org).

» Bosc de les Fades en el Museo de Cera. Pasaje Banca, 7. (933 17 26 49; www.museocerabcn.com).

Compras

» Fundación Antoni Tàpies. Aragó, 255 (www.fundaciotapies.org).

» Librerías Laie (www.laie.es), en el Museo Picasso (Montcada, 15), CCCB (Montalegre, 5), La Pedrera (paseo de Gracia, 92) o Cosmocaixa (Teodor Roviralta, 47).

» Librerías La Central (www.lacentral.com) en MACBA (plaza dels Àngels, 1) y Teatro Lliure (paseo de Santa Madrona, 40).

» MNAC. Parc de Montjuïc, s/n (www.mnac.cat).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de agosto de 2011

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