Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:EL ACENTO

Con el triunfo por bandera

Lo malo de la felicidad es que sabemos que se acaba, incluyendo la tan efímera provocada por los éxitos deportivos. Los españoles aficionados al fútbol están viviendo la edad de oro de la selección nacional, vigente campeona de Europa y del mundo. Pero, supersticiosos como suelen ser los aficionados, la están viviendo conteniendo la respiración: temerosos de que en cualquier momento se acabe.

Sobre todo porque saben que las grandes generaciones de futbolistas no suelen durar más de cinco o seis años; con el agravante de que la televisión difunde a la velocidad de la luz cualquier estilo de juego y que nada impide a otras selecciones copiar el modelo de la de Vicente del Bosque.

Un estilo basado en el pase (tocar y salir) que, más que un invento, ha sido volver a la revolucionaria idea introducida por los escoceses del Queen's Park en la década de los setenta del siglo XIX: la idea de que sería más fácil abrirse paso hacia el gol pasando el balón a un compañero desmarcado que intentando regatear individualmente a todos los rivales que le impidieran el paso.

Es cierto que lo que no se puede copiar es la calidad extraordinaria de futbolistas nacidos para ese estilo de juego, como Xavi, Iniesta o Cesc, entre otros: jugadores de poco peso, ágiles, que parecen deslizarse más que correr cuando avanzan, regatean o pasan.

Sin embargo, la novedad del momento es que parece haber relevo. Por primera vez los éxitos de la absoluta coinciden con los de las selecciones de categorías juveniles, algo que ni siquiera había logrado Brasil. A la victoria de la sub 21 en el europeo jugado en junio en Dinamarca, y la de la sub 17 femenina del anterior fin de semana, se ha unido este lunes el de la sub 19. 2-3 frente a la selección checa, con remontada en la prórroga.

Lástima que el exceso de celo del entrenador, Ginés Meléndez, al arrebatar de los hombros del jugador Muñiz una bandera de Asturias que le habían dado desde la grada, pusiera un final algo borroso a la celebración del triunfo. Es lógico que se trate de evitar que cada jugador suba al palco con la enseña de su comunidad, pero el gesto del entrenador tuvo un punto aspero. Con lo fácil que habría sido decirle que solo después de recoger el trofeo ganado por todos en nombre de España pasease por el césped, si lo deseaba, la bandera del Principado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de agosto de 2011