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Reportaje:

La invasión de la añoranza

Una edición de 'Sombra del paraíso' muestra la pasión malagueña de Aleixandre

Cuando el poeta Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984) obtuvo el premio Nobel en 1977 culminó una vida dedicada a convertir las palabras en prodigios imborrables. Los versos de Aleixandre lograron la intensidad de lo eterno gracias a su capacidad de crear belleza, de aproximar al paraíso las realidades que conoció. Y nada fue más cercano al lugar que simboliza todos los bienes como la ciudad de Málaga, donde pasó su infancia. Un libro, Sombra del paraíso (1944), da testimonio de una pasión que anidó en el poeta siendo niño y que se fue enriqueciendo con el tiempo y la distancia cuando se trasladó a Madrid. Una nueva edición de Sombra del paraíso, con ilustraciones desbordantes de color de Roberto Sánchez Terreros, da cuenta de la fortísima adicción por la belleza que marca el libro. La obra, editada por Pedro Tabernero, ofrece una nueva incursión en la inextricable unión de la poesía de Aleixandre con Málaga y forma parte de una colección centrada en el vínculo entre poetas y ciudades. El primer número es Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, y el segundo, Diario de un poeta recién casado, de Juan Ramón Jiménez, con sus evocaciones de Sevilla, Cádiz, Huelva, Nueva York y Boston.

Las ilustraciones de Roberto Sánchez Terreros llenan de color el libro

"Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. / Colgada del imponente monte, apenas detenida / en tu vertical caída a las ondas azules, / pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, / intermedia en los aires, como si una mano dichosa / te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes". Los célebres primeros versos de uno de los grandes poemas del libro, Ciudad del paraíso, son prueba indeleble de cómo Málaga latía en las entrañas de Aleixandre.

Pedro Tabernero destaca el "protagonismo" absoluto de Málaga en el libro. "Sombra del paraíso está invadido de mar y de añoranza por la ciudad donde Aleixandre pasó su infancia y adolescencia. Es una obra llena de magia y sueños. Es como el libro definitivo que marca la modernidad en la poesía de los años cuarenta. El único libro que hizo Aleixandre referido a una ciudad es este", explica el editor. "Sombra del paraíso está lleno de recuerdos y evocaciones de sus años malagueños. El libro es también una evocación monumental y del espíritu del alma de Málaga. Es un libro sensual y de descubrimientos", resume Tabernero.

Las ilustraciones de Sánchez Terreros ponen color a la recreación aleixandrina en una explosión de vitalidad. "Hemos hecho un libro de poesía no al uso. Nuestra voluntad es intentar acercar la poesía al gran público y crear unas ediciones que escapen al diseño tan convencional y espartano de muchos libros de poesía", señala Tabernero.

El novelista José Manuel Caballero Bonald, que firma uno de los prólogos de la obra (el otro es de Javier Marías), incide en cómo Aleixandre escribió de su paradisiaco pasado malagueño en el sombrío Madrid de posguerra. "Vicente Aleixandre, que había guardado silencio desde los años que precedieron a la guerra civil, vuelve ahora poéticamente a la concordia y la felicidad de sus años malagueños. Sombra del paraíso es, en efecto, como afirmó el propio poeta, 'un canto a la luz desde la conciencia de la oscuridad'. Aislado en su refugio madrileño, rodeado de sombras hostiles, el poeta aspira a una claridad que le viene sugerida por la propia dimensión física y humana de la Málaga de su infancia", escribe Caballero Bonald.

El libro es un mosaico que busca recoger todas las posibilidades de belleza del mundo. A todas ellas se puede acceder desde una Málaga ensoñada tras el paso de los años desde su casa de Madrid. Otro poema, Mar del paraíso, identifica la relación del autor con el escenario de su infancia con un "amor que no acaba". Los primeros versos del poema son elocuentes en su expresión de plenitud. "Heme aquí frente a ti, mar, todavía... / Con el polvo de la tierra en mis hombros, / impregnado todavía del efímero deseo apagado del hombre, / heme aquí, luz eterna, / vasto mar sin cansancio, / última expresión de un amor que no acaba, / rosa del mundo ardiente". Málaga fue para Aleixandre forma máxima de concreción de la belleza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de julio de 2011