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Crónica:TENIS | España, a semifinales de la Copa Davis

Ferrer gana por todos

Tras un duro partido, el alicantino cierra la clasificación para semifinales de una España coral

Es David Ferrer en el infierno, un tenista quemándose en la hoguera de su desánimo. Se juegan los cuartos de final de la Copa Davis. Mardy Fish, su rival, ya ha sacado bandera blanca, roto por el fenomenal partido del alicantino, que gana todos los peloteos importantes, que se impone en todos los peloteos decisivos. Falta echarle el candado al encuentro y entonces empieza su martirio. Son tres bolas de break desaprovechadas en la tercera manga, una rotura de ventaja perdida en la cuarta, el saque entregado cuando servía por el encuentro... Ferrer y las dudas; Ferrer y los nervios; Ferrer ahogado en una furiosa tormenta de la que sale empapado pero vivo: 7-5, 7-6, 5-7 y 7-6; 1-3 en la eliminatoria, la primera vez que España gana en Estados Unidos.

"Duro, durísimo, tuve que luchar mucho", dijo el alicantino, empapado tras el partido.

"Rafa would have made it", le dicen antes los carteles al número seis cada vez que pierde un punto. "Rafa lo habría conseguido", le avisan. Ferrer no tiene ojos para eso, igual que carece de oídos para el griterío. Puesto ante la puerta de salida de la eliminación, el público por fin empieza a jugar la eliminatoria. Resuenan entre los saques chicharras y carracas encerradas en pompones con los colores de la bandera. Atruenan trompetas y tambores. Corre la cerveza al mismo ritmo que toneladas de comida basura. Unos pocos españoles intentan hacerse oír en la grada, mientras sobre la pista Jim Courier, el capitán estadounidense, asiste al encuentro con gesto impertérrito.

Fish, su hombre, saca mal y gestiona peor las oportunidades que le va ofreciendo el encuentro (4 de 18 bolas de break). Igual que ante Feliciano López, el número ocho compite convincentemente los parciales intrascendentes y se diluye en los decisivos. Logra el primer break de la primera manga, y lo pierde cuando sirve para hacerla suya. Se procura hasta siete bolas de break en la segunda y no convierte ninguna. Entra en los dos tie-breaks con la ventaja de ser el que mejor saque tiene de los dos contendientes, y los entrega bien rápido, rota la cabeza por la responsabilidad de mantener vivo a su equipo; apagado el fuego de su espíritu por el torrente de los restos de Ferrer; aniquilado el deseo por la certeza de que el cruce de cuartos empezó a perderse cuando él llegó como el número uno de Estados Unidos, que solo había cedido una vez en casa en los últimos 12 años.

En la cabeza de Ferrer, un tenista tantas veces acosado por las dudas, hay sol durante tres sets, nubarrones desde ese punto. "¡Vamos!", se grita el alicantino durante las 4h 11m de partido. "¡Vamos!", le dicen desde el banquillo una decena de brazos coronados por nudillos cerrados. "¡Vamos!", chillan sus ambiciosas derechas, que castigan a Fish y le desarman, que le buscan su revés de plastilina, que le dicen aquí estoy, he venido a ganarte este partido.

Llega un momento, ya en el tercer set, en que Fish y Courier se ríen en el banquillo. Quizás hablan de todo lo que salió mal en su fin de semana. El número ocho no estuvo a la altura: 82 errores no forzados por 50 del español. Roddick dio síntomas de agotamiento. Y el dobles de los Bryan, pese a su victoria, no es eterno, porque sus integrantes ya tienen 33 años.

Lejos del ambiente enrarecido que rodeó al equipo local, España, llena también de veteranos (López tiene 29 años, como Ferrer), demostró haber aprendido la lección de la derrota ante Francia en 2010 (0-5) y dio un paso para asaltar el título. Son cuatro trofeos en el siglo XXI. Las semifinales se disputan en septiembre ante Francia (Serbia se medirá ante Argentina por la otra plaza en la final), ya sin torneos grandes en el horizonte que dificulten la presencia de Nadal. Su ausencia en Austin, igual que el triunfo logrado a domicilio en la final de Mar del Plata 2008, certificó una cosa. Por encima de los nombres, España tiene un equipo

Una pista frenada

En 2007, España perdió 4-1 contra Estados Unidos en Wiston Salem. "Una pista de hielo", dijeron los tenistas. Alarmados por la posibilidad de que se repitiera esa circunstancia, la Federación española denunció la pista de Austin ante la Internacional, al considerar que no cumplía las normas, y se propuso llegar hasta el TAS. Las medidas de presión tuvieron el efecto deseado. Sobre una escala de velocidad de 50 puntos, en 2007 la pista marcó 49. En 2011, 36.

"Logramos", dicen fuentes federativas; "el compromiso de que esa mediación, que hace la Internacional, no se diera a conocer a ninguno de los dos equipos hasta el día antes de jugar, para que Estados Unidos no pudiera cambiarla si no era lo que quería". "También, que se comprometieran a no usar máquinas abrasivas en la limpieza, porque el desgaste aumenta la velocidad". Además, en la primera ronda, ante Bélgica, España pagó 50.000 euros para instalar el Ojo de Halcón. Impulsada por esa decisión, la Internacional decidió usar la máquina en todas las eliminatorias desde cuartos. Fue clave en Austin: evitó que el viernes Ferrer perdiera el primer set ante Roddick.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de julio de 2011

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