Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:TENIS | Cuartos de final de la Copa Davis

El sello del 'hombre Davis'

Feliciano López, el héroe del título de 2008, vence a Fish en un partido para corazones fuertes

Son dos corazones rotos, cientos de nervios castigados y un par de estómagos empujados hasta el límite. Son 3h 58m de emociones, la Copa Davis en estado puro, la llama de la competición encendida por dos tenistas atormentados que escriben el guión de su duelo grapados a sus emociones. El deseo prima sobre el acierto. La pasión sobre los cerebros. Es una tarde de las que dejan huella en la biografía de un tenista: Feliciano López derrota 6-4, 3-6, 6-3, 6-7 y 8-6 a Mardy Fish, el número ocho del mundo. España, en consecuencia, se adelanta 0-1 frente a Estados Unidos, justo antes de que Andy Roddick se enfrente a David Ferrer en un encuentro que no acabó al cierre de esta edición.

"Esto significa mucho para mí. Son partidos que se ganan con el corazón", dijo el vencedor después de abrazarse uno a uno a todos los miembros del banquillo. "Somos un equipo muy competitivo, con muy buena mentalidad y la motivación de ganar más y más Copas Davis".

López, que hoy (21.00, Teledeporte) jugará el dobles con Fernando Verdasco y contra los hermanos Bryan, aúlla a cada punto. El público responde con tímidos aplausos. La barba cubre el rostro del toledano y le da un aire mesiánico. Es un hombre con un objetivo: liderar a España como en 2008, cuando se echó el equipo al hombro en la final ganada a Argentina en Mar del Plata. Todas las circunstancias se alinean para iluminar el espíritu de un competidor voluble, necesitado de impulsos externos para dibujar su juego de pincel fino y elegante. El toledano, un artista, se abraza a sus compañeros mientras se calienta la previa del partido. Explotan fuegos artificiales en la pista. Suena la banda sonora de Indiana Jones, una espuela en su ánimo aventurero. Jim Courier, el capitán local, se presenta de rigurosa etiqueta, en traje negro, alérgico al chándal que visten todos sus compañeros. Aparecen cuatro soldados en uniforme de campaña portando tres banderas. Es la guerra. Es la Davis.

El número 31 se acuna en esos estímulos y esculpe el duelo con el cincel de su revés cortado. Ese golpe es un martirio para Fish. Le inclina constantemente. Le obliga siempre. Le enseña la puerta de salida, el vació de los fondos de la pista, incapaz el estadounidense de encontrar soluciones para un tiro que le desviste de su armadura. López sabe una cosa. La Davis no es para todos los tenistas. Fish ha perdido cuatro de los cinco partidos en los que ha abierto una eliminatoria. El liderazgo es para él una losa. No para Feliciano, que ya ganó al argentino Juan Martín del Potro en la final de 2008.

El número ocho, siempre por detrás en el marcador, se adelanta finalmente en la quinta manga. Eso retrata sus temblores. Con el break en la mochila, el estadounidense pone lo que parece el broche del partido: 1-0 y 40-15. Inexplicablemente, el español iguala la manga y se lleva el encuentro hacia la montaña rusa de los latidos de sus dos corazones. "¡70-68! ¡70-68!", empieza a gritar el gentío mientras se descuentan los juegos, recordando el partido interminable que enfrentó al francés Mahut con el estadounidense Isner en Wimbledon 2010. Fish negocia entonces con fiereza dos puntos de partido en contra. No puede con el tercero. Normal. Tenía enfrente a Feliciano, un tenista transformado por el espíritu de una competición distinta a todas, que premia a los fuertes y castiga las dudas. Un hombre Davis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de julio de 2011