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Las perspectivas de inflación mejoran notablemente

El foco de los problemas que aquejan a la economía europea y, en primera fila, a la española, sigue centrado en los mercados financieros, sobre todo en los de la deuda soberana. La tragedia griega cada vez se va enredando más y quieran los dioses del Olimpo que esto no acabe en otra hecatombe financiera como la que siguió a la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Para España en particular, pero también para el conjunto de la zona del euro, sería un desastre, y eso lo saben perfectamente las autoridades políticas y monetarias europeas, lo que lleva a ser optimista y pensar que la situación acabará siendo controlada. Eso sí, el problema va a estar revoloteando sobre nuestras cabezas durante bastante tiempo, el necesario para que los implicados se vayan mentalizando y preparando para lo que no tiene otra salida final que una quita importante. Ahora bien, aunque esta acabará produciéndose tarde o temprano, quizás no sea este el momento adecuado, pues hay que evitar a toda costa la estampida de los inversores y el caos financiero. Deben encontrarse mecanismos para evitar la hecatombe, pero que permitan a la economía griega recuperarse. Si esta no se recupera y sigue en recesión año tras año, asfixiada por los ajustes y cargas financieras, que se olviden los inversores en bonos griegos de recuperar su dinero.

Desde 1998 hemos perdido mucha competitividad y eso hay que empezar a corregirlo
El agravamiento del contexto financiero añade dificultades a la recuperación de España

El agravamiento del contexto financiero europeo añade dificultades a la recuperación de la economía española y a los procesos de ajuste, saneamiento y reestructuración en marcha. Ante esto, no queda otra salida que redoblar los esfuerzos y aligerar el paso. El tema del déficit de las comunidades autónomas debe ser aclarado y atajado cuanto antes y, a pesar de las dificultades, la recapitalización de las entidades financieras no debe posponerse, aunque tenga que intervenir el Estado transitoriamente. Es un camino de sangre, sudor y lágrimas, pero no hay otro mejor.

En España, los principales indicadores coyunturales de la semana han versado sobre la inflación, tanto de precios (IPC de mayo) como de costes (encuesta de costes laborales del primer trimestre). La corrección del precio del petróleo desde 123,6 dólares el barril en abril a 115,2 en mayo ha posibilitado que la bajada de la inflación (del 3,8% al 3,5%) fuera superior a la prevista. De hecho, el 90% de estas tres décimas menos se deben a la reducción de la inflación del grupo de productos energéticos y el resto, prácticamente al turismo, más concretamente a los hoteles, que, ante las buenas perspectivas del inicio de la temporada y de la Semana Santa, subieron los precios y ahora han tenido que ajustarlos de nuevo a la baja, probablemente porque dichas expectativas solo se están cumpliendo por lo que respecta al turismo extranjero, pero no al nacional, que sigue deprimido.

La inflación media de la zona del euro se situó en mayo en el 2,7%. Ahora bien, si miramos al núcleo inflacionista [gráfico superior izquierdo], que excluye la energía y los alimentos (también afectados por los elevados precios de las materias primas), la inflación española se sitúa en el 1,5%, igual que en la zona euro.

Las previsiones para lo que resta del año han mejorado significativamente [gráfico superior derecho]

. Ahora se espera que acabe el año en el 2,3%, cuatro décimas menos que en las anteriores, y que la media anual se sitúe en el 3,2%, dos décimas menos. En 2012, si el precio del petróleo sube solo moderadamente, no habría ningún obstáculo para que se situara claramente por debajo del 2%.

En cuanto a los salarios, los percibidos por los trabajadores aumentaron un 1% y los costes totales algo menos, un 0,8%, debido a que las cotizaciones sociales y otras percepciones no salariales aumentaron menos. En función de la inflación comentada, estas subidas suponen una pérdida notable de poder adquisitivo [gráfico inferior izquierdo], con el consiguiente efecto sobre el consumo. Pero no hay que olvidar que los salarios son también costes de producción que determinan de forma importante la competitividad. Como se ve en el gráfico inferior derecho, desde 1998 hemos perdido mucha competitividad-costes y eso hay que corregirlo antes de empezar a consumir como antes. Otro ajuste más sobre las débiles espaldas de la economía española.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 19 de junio de 2011.

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