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Reportaje:TENIS | Roland Garros

Una cabeza a prueba

Djokovic, más relajado pese a ser favorito, se enfrenta a tres días seguidos de juego tras suspenderse su duelo ante Del Potro

Las nubes coronan con truenos un día de perros y someten al serbio Novak Djokovic y al argentino Juan Martín del Potro a un remolino de cambios. La organización les traslada a otra pista, más lenta y pequeña, ante el peligro de que no acaben a tiempo porque se alargó en demasía un encuentro previo. Pero, en definitiva, no terminan (6-3 y 3-6) por falta de luz su cita de la tercera ronda. Hay que volver a jugar hoy. Quien venza deberá correr tres días seguidos. Todo eso pone a prueba la mente de Nole, el de las 41 victorias, que ayer cumplió seis meses sin una derrota. Suya es la tensión del favorito. Suyas, las expectativas. Suyo, un torneo de dos semanas para demostrar qué separa la cabeza del viejo Djokovic de la del nuevo.

"Ni siquiera se puede comparar a este Novak con el de antes", se ríe abiertamente Marian Vajda, su entrenador; "hace unos años era negativo y perdía partidos porque estaba disgustado. Ahora va por sus tiros. No te da puntos gratis. Ha encontrado el camino. La presión por los triunfos está ahí. Intentamos mantenerle relajado. Mentalmente, está muy fuerte. Puede disfrutar. Está muy centrado".

El camino del número dos mundial, como el de Rafael Nadal, el uno, que hoy juega contra el croata Veic, ha estado lleno de curvas. Primero estuvo el australiano Woodford, exnúmero uno de dobles, legendaria mitad de los Woodies. Luego, el estadounidense Martin, exnúmero cuatro. Con los dos, nombres sonoros, tuvo que convivir el orondo Vajda, un técnico desconocido.

Vajda puede abrir a un periodista la puerta de su lujosa habitación de cinco estrellas en calzoncillos y con una cerveza en la mano. Vajda puede ser el único que se resista a la dieta sin gluten del clan Djokovic porque no quiere dejar la birra o el jamón. Y Vajda no encuentra cómo conectar con la visión que tiene Djokovic de sí mismo (un elegido, un fuera de serie destinado a entrenarse con Martin o Woodford), aunque sí sabe cómo relacionarse con su faceta extravertida y bromista. Así, relajando el ambiente, prepara su mente.

"Novak es muy talentoso. Puede hacer cualquier cosa. La comunicación con él no debe traspasar una línea muy fina", explica Vajda; "de más joven, era diferente. Deseaba tanto alcanzar sus objetivos que estaba rígido y no podía mejorar. Ahora está más relajado. Escucha y aprende más rápidamente. Nuestra relación es profunda. Me trata como parte de la familia. Así tengo más libertad para decirle cosas".

El éxito de Djokovic nace de una crisis. Martin es despedido. Vajda vuelve a trabajar en solitario. Juntos preparan ahora un partido que medirá cuán fuerte es la cabeza del número dos, propenso a los aspavientos y las quejas. Se enfrenta a un exnúmero cuatro, un gigante. Van igualados a un set. Se compite en una pista lenta, mala para sus intereses. Del Potro, aún fuera de punto físicamente, ha tenido tiempo para descansar. Más que un examen, es un juicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de mayo de 2011