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Crítica:

El hermano pequeño

Narrativa. Acababa de empezar el siglo cuando tuvo lugar un suceso singular que a algunos pilló a contrapié. Un autor de la élite literaria publica una novela del género policiaco, No acosen al asesino, cuyo protagonismo recae en una juez. Es el principio de una serie que Guelbenzu firma con las iniciales J. M. (igual que G. esconde en las dos últimas entregas el nombre de Gijón). Mariana de Marco es ya un personaje reconocible, bien asentado en el mundo imaginario de la literatura (ver a Juan Cueto ligando con ella en un restaurante) y la serie de sus novelas llega ya a la número cinco. Ella, los otros personajes y el mundo que les rodea han adquirido densidad, vivacidad. Casi se puede hablar de una única novela con diversas paradas, pues Mariana es un hilo conductor muy poderoso y la narración nos propone cada vez más pasajes donde la meditación sobre sí misma es primordial. Asistimos a un bien calibrado proceso de autoconocimiento. Y, desde luego, el proyecto tiene la continuidad asegurada, pues El hermano pequeño deja indicios bien preparados por el autor sobre el futuro de Mariana, posibles amantes, amistades y compañeros. Uno, que ha seguido las explicaciones de Guelbenzu sobre lo policiaco, celebra su reivindicación de la novela clásica, británica principalmente, sus apasionantes enigmas y sus desafíos intelectuales. Es en esta tradición, aunque modificada sin duda por el mayor detenimiento en el análisis psicológico, donde se inscribe la serie de Mariana. Aunque Guelbenzu sí se ocupa de perfilar con naturalidad aspectos sociales y políticos, su obra tiene poco que ver con lo que se entiende propiamente como novela negra, la que se inicia con Hammett, Chandler, Thompson y compañía, en las que la acción resuelta y decisiva y la violencia explícita es el centro absoluto. En mi opinión, lo mejor de la novela negra lo heredó el cine, donde adquiere su madurez y su sentido. Lo dicho no debe hacer pensar que en esta serie no exista la violencia. Al contrario, está muy presente, como componente imprescindible del género y como ingrediente unido sin remedio a la condición humana. Pero de otra forma. Es una violencia no vista pero sentida "en ausencia" provocando incluso mayor desasosiego y es también una figura mental que obliga a duras y comprometidas reflexiones. La pertenencia al género policiaco, tan manipulable que su éxito actual se basa en la indistinción entre lo bueno, lo indiferente y lo malo, no debe hacer olvidar que toda novela se mide por su pertenencia a la corriente general. Creo que ahí está uno de los grandes empeños de Guelbenzu. Existe el género, pero también el sello del autor (un ejemplo de categoría: Dorothy L. Sayers que casi casi estoy por decir que es el modelo clásico en que se inspira mayormente esta serie). Y no es contradictorio afirmar que la figura de Mariana descrita con sus pros y sus contras es como un obús lanzado contra la línea de flotación de las tradicionales novelas del género. Eso valora positivamente la nueva serie y no perjudica en absoluto a las antiguas. Estamos, pues, doblemente de enhorabuena.

El hermano pequeño

J. M. Guelbenzu

Destino. Barcelona, 2011

390 páginas. 19,50 euros

Libro electrónico: 13,99 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de mayo de 2011

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