Reportaje:PAISAJES ELECTORALES | Elecciones municipales

Guerrilla en el corazón del baltarismo

La denuncia por acoso a los candidatos socialistas en Baltar "no moverá un voto"

En el Ayuntamiento de Baltar la campaña explotó hace un mes. Una guerra de guerrillas a la ourensana marcó el preámbulo. Una histórica táctica de hostigamiento político del enemigo, que ahora dirimirá en un juzgado, además de en las urnas, el futuro Gobierno local. Cuando, en abril, los socialistas denunciaron -primero públicamente, después ante la fiscalía- que el alcalde, el popular José Antonio Feijóo, había intentado presionar supuestamente a los jefes de las candidatas del PSOE para que las despidieran si no se apeaban de la lista, se puso de manifiesto un método electoral que socialistas y nacionalistas aseguraron conocer in illo tempore. Un conocimiento silenciado a golpe de temor a represalias de los implicados, según reitera la oposición. Hasta esta vez, en que la farmacéutica del pueblo alzó la voz y la denuncia. Aseguró que el alcalde la había presionado para que despidiera a su empleada si no abandonaba la lista del PSOE.

La farmacéutica denunció presiones para despedir a una empleada del PSOE

Pero la guerra de guerrillas de Baltar es, en realidad, la guerra de guerrillas de Ourense. El escándalo mediático de la denuncia y el amago de contradenuncia de los populares apenas afecta a los vecinos. El municipio, de unos mil habitantes, forma el triángulo mágico (junto con Xinzo y Os Blancos) del baltarismo -una devoción cuasi mariana hacia el presidente de la Diputación, José Luis Baltar- en la comarca de A Limia.

El regidor de Baltar no levantó bustos en honor del presidente provincial. No le dedicó calles. No puso su nombre a flamantes centros multiusos. No lanzó a los cuatro vientos su trina fidelidad a Dios, la Virgen y Baltar, como en su día había hecho su compañero, el ex alcalde de Os Blancos José Antonio Ferreiro, encarcelado por malversación de fondos públicos. Ferreiro practicaba también a su manera -desviando hasta 200.000 euros de las arcas municipales o empadronando en su casa a 85 vecinos en vísperas electorales- esa estrategia encaminada a que, aunque el hostigador no gane la batalla, al menos la pierda su adversario: él está en la cárcel desde 2009, pero mientras permanece entre rejas, inhabilitado para ejercer la política, ha seguido consiguiendo apoyos en la comarca para Baltar al mismo tiempo que su empresa ha mantenido la contratación de obra pública. El alcalde de Baltar, José Antonio Feijóo, decidió contratar al presidiario el polideportivo del municipio. Ferreiro acabó subcontratando la obra.

Hasta ahora, José Antonio Feijóo pasaba desapercibido para la opinión pública. Pero, según la denuncia judicial, se le fue la mano "acosando a las candidatas del PSOE" -ambas bien relacionadas por sus profesiones, vinculadas a la sanidad, de cara al público en el pueblo- con el objetivo de no tener oposición. La denuncia de los socialistas no hizo más que fomentar la guerra interminable entre este partido y el PP. El alcalde, espoleado por la dirección ourensana y gallega de su organización, anunció una querella contra los socialistas por "calumnias e injurias". Mientras él se afanaba en desmentir los hechos, el Colegio Provincial de Farmacéuticos atribuía "absoluta credibilidad" a la denuncia de su colegiada en y le ofrecía su respaldo.

No consta que Feijóo haya presentado su querella. Pese a que tanto el presidente provincial del PP, José Manuel Baltar Blanco, como el líder gallego del partido, Alberto Núñez Feijóo, lo alentaron a que lo hiciera. "Era necesario " para "preservar el honor" y para "clarificar un hecho presuntamente delictivo", justificó el presidente del PP el respaldo a la querella de su regidor en Baltar. Pero entre declaración hostil y declaración hostil, los vecinos no se inmutan. No se pronuncian sobre el rosario de denuncias. Apenas lo comentan. Esbozan una media sonrisa cuando se les pregunta, a modo de compasión por la ignorancia del visitante, y pasan de largo. PP, PSOE y BNG creen que el escándalo ni siquiera moverá un voto.

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En Baltar, la foto de José Antonio Feijóo cuelga sobre las farolas como en las anteriores citas electorales. El alcalde -seis ediles frente a uno del PSOE, uno del BNG y un independiente- mantiene impertérrito su campaña puerta a puerta y sus mítines. Lo que realmente ha cambiado son los candidatos. Aunque tampoco es novedad. El baile de siglas es aquí una constante. Los socialistas han prescindido del anterior cabeza de lista, que huyó a Terra Galega, y han fichado a una ex militante del BNG. Los nacionalistas tuvieron que recurrir a candidatos ajenos al municipio.

La denuncia contra el alcalde no moverá un voto, pero todo indica que José Antonio Feijóo teme una vía de escape por la que se puedan diluir algunos de sus concejales que tanto necesita Baltar para mantener la Diputación.El regidor se enfrenta a un PSOE aparentemente reforzado con una candidata "de firme talante", según quienes la conocen de cerca, que comenzó los prolegómenos de la campaña metiendo su coche por las corredoiras del pueblo para, supuestamente, intentar escapar del alcalde y de otro vehículo conducido por un funcionario municipal, que la seguían, "intimidándola" hasta su domicilio.

El triángulo mágico del baltarismo en A Limia ya no es lo que era: Ferreiro en la cárcel, el ex alcalde de Xinzo Isaac Vila fuera de escena y José Antonio Feijóo denunciado por la farmacéutica del pueblo.

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