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Crónica:BALONCESTO | Final a cuatro de la Euroliga

El Madrid encuentra su límite

El equipo de Molin termina aplastado por el Maccabi tras una desastrosa segunda mitad

Todo equipo tiene su límite. Lo marca una suma de factores que van desde lo físico hasta lo técnico, del talento al ánimo, de la suma de efectivos a la posesión de alguna de esas escasas piezas que al final son las que marcan las diferencias. A veces se puede traspasar, pero lo normal es que al alcanzarlo, lo siguiente sea la despedida. El Madrid posee un equipo joven, con futuro, pero le faltan unas cuantas cosas como para poder enfrentarse a un partido tan exigente como una semifinal de la Euroliga. Una final europea exige mucho y el Madrid, como se demostró ayer, no atesora lo suficiente. El equipo madridista terminó pagando tanto sus errores como sus carencias. Dos jugadores claves en su funcionamiento, como son Llull y Suárez, estuvieron muy erráticos y desacertados, a Mirotic le vino muy grande el partido y lo de Fisher y Tucker resultó hasta desesperante. Ante la profunda y efectiva rotación del Maccabi, extensible a cualquier aspirante a llevarse la copa, el Madrid sufrió cada vez que uno de sus titulares visitaba el banquillo, sobre todo si eran Prigioni, Reyes o Tomic. Un dato muestra en toda su crudeza esta falta de ayuda de la segunda unidad. Cuando el partido se rompió definitivamente entre el final del tercer cuarto y comienzo del último, los suplentes del Madrid habían aportado dos puntos, que fueron finalmente cinco por un triple de Tucker cuando la ventaja era ya de veinte puntos. Cuando el banquillo no aporta, un mal partido de un titular se convierte en un drama. Y desde luego, de ganar una Euroliga, ni hablar.

MACCABI TEL AVIV 82 - REAL MADRID 63

Maccabi Tel Aviv: Pargo (13), Eliyahu (1), Pnini (14), Eidson (19) y Schortsanitis (16) -equipo inicial-; Hendrix (6), Sharp (3), Blu (10), Burstein (0) y Macvan (0).

Real Madrid: Tomic (17), Prigioni (9), Reyes (15), Suárez (8) y Llull (9) -equipo inicial-; Mirotic (0), Rodríguez (0), Fischer (2) y Tucker (3).

Árbitros: Lamonica (Ita.), Christodoulou (Gre.) y Sutulovic (Mon.). Sin eliminados

Unos 12.000 espectadores en el Palau Sant Jordi de Barcelona. El Maccabi disputará la final con el Panathinaikos mañana a las 16.30. El Madrid se jugará el tercer puesto con el Montepaschi a las 13.30. Ambos en Teledeporte.

Llull y Suárez estuvieron erráticos, y lo de Fisher y Tucker resultó desesperante

El Madrid salió enchufado y con las ideas claras, siguiendo el manual que recomienda comenzar los encuentros buscando el juego interior para después tener más espacio para los tiradores. Más si cabe cuando rápidamente se vio que tanto Tomic como Felipe dominaban la escena debajo del aro del Maccabi. Otro asunto era en el otro lado, pues allí se las veían y deseaban para intentar no ser arrollados por Schortsianitis, una fuerza de la naturaleza al que casi siempre sólo le puede parar él mismo. David Platt, entrenador israelí lo vio rápidamente y el Maccabi se parapetó en una zona para entorpecer los movimientos de la pareja de pívots madridista. Le salió bien la jugada, sobre todo por la falta de puntería del juego exterior del Madrid, con Llull y Suárez sin encontrar ni su sitio ni su ritmo. Poco a poco el Maccabi fue adueñándose del partido de la mano de Pargo, un pedazo de jugador y coincidiendo con un momento de tremenda ofuscación ofensiva del Real Madrid, el partido se puso feo (14-22). Molin tuvo que devolver a la pista al quinteto titular, Prigioni metió dos triples seguidos y junto al enorme trabajo de Reyes y los detalles de Tomic, alejaron momentáneamente el peligro (29-32 en el descanso)

El partido se rompió para el Madrid en el momento más inesperado. Un triple de Suárez se juntó con la tercera falta de Schortsianitis y uno de los pocos momentos en los que Pargo tuvo que sentarse para tomar aire (41-43, mitad del tercer cuarto) mostrando un panorama que invitaba a dar un paso adelante. Pero el Madrid lo tiró por la borda en tres minutos nefastos de los que ya no se recuperó. Tucker sintió de forma errónea que el destino llamaba a su puerta y encadenó tres lanzamientos cada uno peor que el anterior. La desestabilización definitiva llegó de la mano de Fisher, que inexplicablemente entregó un balón al Maccabi sacando de debajo de canasta que terminó con un dos más uno y el partido enfilando el desenlace del que se encargaron Eidson y Pargo (63-47). El partido y la Euroliga se había terminado para el Madrid.

El resto fue castigo tan innecesario como inmerecido como final de una aventura europea que incluso es probable que haya llegado más lejos que lo que la calidad, profundidad y comparación con otras plantillas hace pensar. Pero el Madrid necesita retoques para subir el próximo escalón. Eso sí, con lo que tienen, esta Euroliga ha sido todo un éxito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2011