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Un libro recoge las reflexiones sobre la figura de Vicens Vives en el año de su centenario

Es en momentos como los actuales cuando el lema de Jaume Vicens Vives (Girona, 1910-Lyon, 1960): Super adversa ageri (ante la adversidad, supérate), toma auténtica vigencia, como pudo comprobarse ayer, en la presentación del libro Vicens Vives, una visión de futuro, editado por la Fundació Grup Set y la Obra Social de La Caixa. Es un pequeño volumen que recoge las intervenciones y conferencias de las jornadas celebradas el pasado mes de octubre, en el Caixafòrum de Madrid, en el contexto de las celebraciones del centenario del nacimiento del historiador y el medio siglo de su prematura muerte.

La figura del autor de Aproximación a la Historia de España y de Noticia de Cataluña, fue recordada ayer en la repleta sala de actos del Ateneo Barcelonés en clave de presente. En el acto, que contó con la presencia de la viuda de Vicens, Roser Rahola, que leyó una dedicatoria inédita de su padre, participaron los historiadores Santos Julià y Borja de Riquer; los políticos Miquel Roca, Antonio Garrigues Walker y el consejero de Cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell.

Santos Julià se refirió a la idea de pacto que articulaba el pensamiento de Vicens, un concepto que sirvió para articular la transición política y que ahora brilla por su ausencia. "Sería necesario recuperar el espíritu de pacto para enfrentarnos a los problemas actuales", cuya solución, apuntó, pasa por la reforma constitucional que no se pudo hacer en 2004. "La Constitución no es de parte, es transaccional y está basada en un proceso pactista", dijo.

Borja de Riquer quiso recordar la "extraordinaria personalidad" de Vicens Vives, y como el hombre derrotado tras la guerra civil, a punto de abandonar el país, ya en Girona, decide no exiliarse y quedarse afrontando las consecuencias. "Es derrotado y no se exilia, ni al exterior, ni al interior", dijo.

Mascarell le definió, como un "conector infatigable" y recordó que Vicens Vives solía decir que ninguna sociedad debe tener miedo a repensarse, lo que "a la España de hoy no le vendría mal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2011