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Crítica:

Una cámara (poseída)

Cuando se puso en marcha la cámara de vídeo doméstico de El proyecto de la bruja de Blair (1999), el cine de terror no solo abrió las puertas a las nuevas retóricas formales del falso documental, sino que también dio cabida a las inflexiones, en primera persona, de nuestra contemporánea cultura del narcisismo. Tras explorar en su debut, inédito en España, un tema tan coherente con esas coordenadas como el suicidio -A necessary death (2008)-, Daniel Stamm cortocircuita ese cine de terror ególatra y verité con un segundo trabajo que, si bien no aplica con rigor su planteamiento formal, aporta un buen número de maliciosos estímulos.

El último exorcismo adopta la forma de reportaje, protagonizado por un predicador tan descreído como encantado de haberse conocido. Uno de los platos fuertes de la función es su deconstrucción de la puesta en escena de un exorcismo, que juega con todo el yacimiento de memoria cinéfila que va del clásico de William Friedkin a la reciente El rito. Lo que sigue es un recital de precisos giros, que alcanza la gloria en decisiones tan heterodoxas como las de delegar la función de operador de cámara en la figura de la presunta posesa.

EL ÚLTIMO EXORCISMO

Dirección: Daniel Stamm.

Intérpretes: Patrick Fabian, Ashley Bell, Iris Bahr, Louis Herthum, Tony Bentley, Caleb Landry Jones.

Género: terror. EE UU, 2010.

Duración: 87 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de mayo de 2011