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Necrológica:IN MEMÓRIAM

Andrés Sanz, la vieja escuela del rigor periodístico

Lo que dice Marca va a misa. No, no se trataba de un simple eslogan comercial. A mediados de los años setenta del siglo pasado -la época del Ajax de Cruyff y el Bayern de Beckenbauer-, era el espíritu de la casa, el alma del entonces diario deportivo de mayor solera.

Se lo inoculaban a las nuevas hornadas de entusiastas aprendices unos periodistas -algunos de ellos, cocineros antes que frailes, deportistas en su juventud- comprometidos siempre con el rigor y hasta donde le es posible a la condición humana con la objetividad; inmunes, por supuesto, a la fiebre ahora desatada en demasiados medios por publicar la primicia sobre el rumor menos fundamentado o la anécdota más trivial o frívola.

Entre ellos destacaba Andrés Sanz. Allá, en su rincón de la antigua redacción del paseo de la Castellana, al fondo a la derecha según se entraba, desde el que lo dominaba todo, desde el que se lo sabía todo.

Él no necesitaba primeros planos ni alzar la voz para sentar cátedra o impartir una lección magistral de periodismo. Había renunciado a la legítima vanidad de la firma y se conformaba con la también legítima vanidad del trabajo oscuro, pero bien hecho, al servicio de la causa común y del lector.

Lo suyo era, sí, la esquina, el córner futbolístico. Con la precisión de la experiencia y el efecto de la clase, lanzaba continuamente desde él balones informativos, pistas a seguir, detalles significativos..., levantaba la liebre para que otros la cazásemos, para que otros rematáramos el gol de la noticia.

Gracias, maestro y compañero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2011