Siria se hunde entre la represión más indiscriminada y sangrienta
Al menos otros 12 muertos en los funerales por las víctimas del viernes
El presidente sirio Bachar el Asad ya solo aspira a infundir terror. Esfumadas las promesas de una reforma en la que ni el propio régimen cree, ahora es cuestión de acumular cadáveres hasta vaciar las calles de manifestantes. El viernes fue una jornada sangrienta, con al menos 80 muertos por ráfagas indiscriminadas de metralleta. Ayer se contaron otros 12 como mínimo entre las miles de personas que acudieron a los funerales por los muertos del viernes. La dimisión de dos diputados y una autoridad religiosa hasta ahora fieles a El Asad, avergonzados por la brutalidad de la policía en todo el país, demostró que las protestas empiezan a erosionar el régimen más monolítico e impenetrable de Oriente Próximo.
El presidente de EE UU, Barack Obama, avisó al Gobierno sirio de que el "uso escandaloso de la violencia para reprimir las protestas debe tocar a su fin inmediatamente".


























































