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Arreglos en el teatro Arnau para evitar derrumbes

El teatro Arnau, en el Paralelo barcelonés, está siendo sometido estos a días a trabajos de emergencia en la estructura de la cubierta y la fachada ante el riesgo de desprendimientos. El Ayuntamiento compró el local hace un mes. Esta semana, operarios de mantenimiento desmontaron uno de los voladizos, que estaba muy deteriorado. El teatro ha permanecido cerrado durante años y la cubierta y la fachada han acusado ese abandono: antes de que fuera comprado por la Iglesia china, en 2006, tampoco se hizo ninguna obra de mejora.

El Arnau, que abrió en 1894, era todo de madera en sus primeros años de vida. A comienzos del siglo XX se construyó el edificio que ha llegado hasta hoy, aunque durante una etapa no fue teatro, sino cine. Funcionó hasta 1994 de forma ininterrumpida; después se reabrió y volvió a cerrar en 2004. Fue tomado por un grupo okupa una temporada y no ha sido sometido a mantenimiento, pese a las denuncias de los dos negocios que están en los bajos del teatro para que arreglasen, al menos, los bajantes y desagües. La Iglesia china, propietaria hasta hace un mes, alegaba que el Ayuntamiento no le daba permiso de obras, y este lo negaba.

"Aquí, cuando llueve, llueve fuera y dentro", explica Juan Noval, propietario de la floristería situada en los bajos del Arnau. Tanto él como el arrendatario del bar El Retiro, que da a la avenida del Paral·lel, ya han recibido la visita de técnicos del Consistorio, que para ellos es el nuevo arrendador.

"Nos dijeron que arreglarían las canalizaciones", apunta Noval. Lo que no tiene claro es la provisionalidad de esos arreglos. Fuentes del área de Cultura del Consistorio explican que, tras esos trabajos de emergencia, se debe realizar una inspección a fondo del edificio y ver la situación real para saber qué posibilidades hay y qué inversión se necesita. Ese informe determinará si se busca un inversor para que lo explote o se queda como sala de titularidad cien por cien pública.

La sala tiene un anfiteatro y capacidad para algo más de 700 espectadores sentados. Pese a los años de cierre, el interior del teatro no se corresponde con el mal aspecto de fuera. "Bueno, en el anfiteatro el suelo cruje", advierte el florista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de abril de 2011