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Crítica:

La firme y poderosa mano de Alfred Döblin

Narrativa. Final de la Primera Guerra Mundial. Los marineros de la flota de Kiel se sublevan ante la orden de enfrentarse a la Armada británica. Se inicia el paso de la monarquía del Reich alemán a una república pluralista, parlamentaria y democrática tras la abdicación del káiser Guillermo II. Los revolucionarios, de ideas socialistas, fracasarán ante la oposición de los socialdemócratas del SPD, quienes, finalmente aliados con el Comando Militar Supremo, la burguesía y los afines al káiser, sofocarán el levantamiento espartaquista. Noviembre de 1918 es el título de la trilogía que escribió Alfred Döblin, autor de Alexanderplatz, una de las novelas más notables del siglo XX, sobre los acontecimientos que de un año para otro cambiaron el curso de la historia alemana.

Noviembre de 1918 . Burgueses y soldados Alfred Döblin Traducción de Carlos Fortea Edhasa. Barcelona, 2011

5Alfred Döblin

Traducción de Carlos Forteca

Edhasa. Barcelona, 2011

512 páginas. 32,50 euros

Noviembre de 1918, que Edhasa ha empezado a traducir y publicar en cuatro volúmenes, el primero de los cuales es este Burgueses y soldados, es una obra maestra del realismo narrativo de la primera mitad del siglo XX. Sitúa la acción de este primer volumen en Estrasburgo, en el momento en que la firma del armisticio incluye la entrega a Francia de Alsacia-Lorena y los estrasburgueses se ven divididos entre quienes han de abandonar Alsacia y situarse tras la línea marcada por el acuerdo y quienes reciben con alborozo la llegada de las tropas francesas. Döblin narra el asunto desde el interior de la sociedad estrasburguesa, incluyendo a las fuerzas de ocupación alemana, a partir de los sucesos del día a día, los rumores ciertos y falsos, los saqueos, la presencia de marinos revolucionarios llegados ex profeso y la posición de la Entente que amenaza con no aceptar una Alemania bolchevique.

No hay protagonistas destacados entre estos burgueses y soldados, aunque algunos se singularizan más que otros. Los personajes pertenecen al conjunto, al entorno, su integración en él es total; para ser más exactos: emanan de él y ésta es la primera virtud del relato. La narración es decidida y admirablemente expresionista; en ella se advierte la influencia del cine -que en Alemania dio lugar a su magnífico cine expresionista, encabezado por el gran Fritz Lang- y la escritura, tanto en su montaje de escenas como en el conjunto de sus imágenes, se atiene a esa fórmula. El relato se extiende, en este primer volumen, desde la noticia de armisticio hasta el último día de la retirada total de tropas y civiles alemanes y la entrada de los franceses en la ciudad, narrando en paralelo ambos movimientos. En todo ese tiempo, la vida transcurre mostrando las heridas de una guerra de posiciones que ha terminado, aunque aún los afectados no lo vean con claridad, con el Ancien Régime. La elección de los variados personajes, las relaciones entre sí, la confusión, el dolor, el arribismo, las humillaciones, la miseria económica y moral, la desesperanza, el conformismo, el autoengaño... todo se va acumulando sobre ellos de manera que ofrecen un cuadro soberbio del fin de una guerra atroz para todas las partes, una guerra de posiciones que no condujo sino a una matanza sin sentido y al comienzo de la humillación alemana que dará lugar a la barbarie nazi y a la Segunda Guerra Mundial. Y todo se va exponiendo de manera admirable, por medio de unos pocos personajes principales y muchos secundarios muy bien elegidos y construidos, con una expresividad y una precisión extraordinarias, por la firme y poderosa mano de Alfred Döblin.

Hay además capítulos informativos muy bien integrados en la narración, como, por ejemplo, la descripción de la organización del territorio imperial de Alsacia-Lorena en el capítulo 'Los últimos días alemanes en Estrasburgo' o el que incluye la espléndida sátira del papel de los intelectuales con la revolución. También son un hallazgo los capítulos que contraponen el Estrasburgo liberado con el Berlín que está asumiendo la derrota. Y, como ha de ocurrir en una ficción histórica, se integran en la narración personajes reales como Maurice Barrés, el mariscal Foch o la figura del líder espartaquista Karl Liebknecht. El resto de la trilogía -cuya publicación anuncia Edhasa en tres volúmenes más- proseguirá en la proclamación de la República de Weimar con el socialdemócrata Friedrih Ebert al frente y hasta la detención y muerte de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, líderes de la Revolución traicionada.

Esta obra es, sin duda, una cumbre del realismo en el siglo XX y, al mismo tiempo, un ejemplo admirable de la absoluta modernidad de su autor por la variedad de recursos estilísticos que emplea con envidiable soltura, precisión y autoridad. Una lectura, además, que viene al pelo para imaginar lo que sería un relato de la España del siglo XX realizado con este rigor, inventiva, talento y sentido del riesgo y de la modernidad como el que emplea su autor para dar una lección de lo que es relatar un episodio trascendental de la Historia Moderna integrado en una ficción ejemplar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2011