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Reportaje:

Campeonas y pioneras

Un documental rememora al Medina, primer equipo gallego en ganar una Liga

Si A Coruña fuese Indiana, la epopeya del Medina estaría en Hollywood. Fue el primer equipo gallego que ganó una Liga. Eran chicas y jugaban al baloncesto en los sesenta, década en la que despertaron pasiones en una ciudad dispuesta a volcarse con aquello que la pusiera en el mapa. El Medina no solo lo consiguió sino que lo hizo con el regusto de ser pionero. Sin guión americano que dé forma a su historia, el periodista Óscar Losada con olfato para atisbar buenas historias retrata en un documental de media hora las peripecias del equipo.

El pasado jueves una representación de jugadoras de la época lo paladearon ante la pantalla de un centro social herculino y tuvieron un recuerdo para el alma del equipo recientemente fallecido, Manuel Fernández Trigo.

Jugaron Copa de Europa y viajaron a Yugoslavia con pasaporte especial

El fallecido Fernández Trigo dirigía al equipo desde el banquillo

Devenido en gerente primero del Deportivo, después durante veinte años en el Real Madrid. Fernández Trigo era un hombre orquesta. "Antes que nada fue un gran entrenador", previene Gelines Porto, una de las jugadoras. También fue periodista, firmaba y le conocían como Mafertri, las sílabas que abrían su nombre y apellidos. Para José Antonio Martínez Arias, emblema del periodismo coruñés y federativo de larga trayectoria en el baloncesto, era "Manolo, el hombre que llevó al Medina a ganar dos títulos y jugar dos Copas de Europa". Dicen que se trataba de un tipo serio, exigente, un avanzado en la preparación física. "Era un motivador con mucho carisma", zanja Marita Millán, que llegó a la internacionalidad desde el Medina, club vinculado a la Sección Femenina bajo cuyo nombre comenzó a jugar en 1943 y cuya eclosión tuvo lugar en 1960, cuando comandado por Mafertri en el banquillo y su entonces novia Maribel Gómez de Frutos en la cancha, lograron la tercera plaza del Campeonato de España celebrado en Zaragoza. Un año después lo ganaron en San Sebastián tras superar en la final al CREFF madrileño, en lo que fue el inicio de una dura pugna mantenida hasta los primeros setenta.

Entonces aún no había competición de Liga, pero el ganador adquiría derecho a disputar la recién estrenada Copa de Europa. El Medina fue el segundo equipo español en disputarla. Se enfrentó al Lubango e Benfica angoleño, que representaba a Portugal, y a las marroquíes del Casablanca. Tras superarlas se clasificó para los cuartos de final ante el Radnicki yugoslavo.

A Belgrado viajaron en ferrocarril. Tuvieron problemas para pasar al lado comunista. "Nos hicieron pasaportes especiales", recuerdan las jugadoras. Y en la Yugoslavia de Tito se encontraron con otro mundo, una nube de periodistas y un rival profesionalizado con una gran superioridad técnica y, sobre todo, física. Perdieron 81-35, varapalo que no impidió que la revancha en Tabacos fuera un acontecimiento. Cayeron de nuevo (19-57), pero lograron hacerse un espacio en el corazón de la ciudad que acogió al Medina como un emblema.

En 1963 cuando se disputó la primera Liga Femenina de baloncesto, el Medina ya era una referencia nacional. Ganó la Liga en 1966, jugó de nuevo la Copa de Europa y cayó ante el Recoaro italiano y encadenó cuatro subcampeonatos hasta 1970 antes de decaer con la marcha de Fernández Trigo. Pero acumuló triunfos y vivencias de las que hablaban las jugadoras el jueves antes de la exhibición del documental.

Losada, su autor, considera necesario "refrescar la poca memoria histórica que tenemos". Eran tiempos de viajes eternos en una DKW en la que entraban seis jugadoras sentadas de frente y cuatro de lado, de las 24 horas en tren Barcelona y los paseos de diez chicas por las Ramblas a las once de la noche, alojadas en algún hotel que como poco resultaba sospechoso, o de la tranquilidad que suponía a los padres que las chicas viajasen acompañadas por una señora perteneciente a la Sección Femenina, la misma que tras la charla de Mafertri les daba un último consejo antes del partido. "Nos pedía corrección, buenos modales y que no hiciéramos muchas faltas", recuerdan.

Había contención y estrecheces, entrenamientos de 8 a 10 de la noche. "Corríamos con gorros de ducha para no mojarnos el pelo", apunta Merce Pellicer, hermana del futbolista de Deportivo, Barcelona y Valencia. "Y nos cambiábamos con los vestuarios a oscuras cerca de donde entrenaban los boxeadores que hacían agujeros en las paredes para ver si podían espiar algo", apostillan Gelines Porto y Marita Millán, coruñesa hija de un castellano estricto al que le costó comprender que su niña de 13 años iba a jugar al baloncesto. "Iba a clase de francés, me vieron alta y me ofrecieron ir a entrenar. Tuve que falsificar la ficha para aparentar que tenía 15". Con 22 se retiró. Le había dado tiempo a convertirse en internacional y a ganar una Liga. Ahora mira hacia atrás, también hacia sus compañeras, por siempre amigas, y solo expresa un lamento: "Me hubiera gustado nacer 40 años después y ser profesional del baloncesto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011