Reportaje:Gastronomía

Barolo brinda por el Risorgimento

Los productores del vino más cotizado de Italia subastan un lote especial de 12 botellas para festejar los 150 años de la unidad del país, que se cumplen el jueves

Parece que Goethe dijo que la vida es demasiado breve para beber vinos mediocres. En la zona de Piamonte, norte de Italia, donde se hace el vino de Barolo la frase es algo más que una creencia religiosa. Barolo es el vino más cotizado de Italia, el que mejor se exporta, quizá el más famoso y también el mejor (los cerca de 200 productores no tienen la menor duda sobre eso). Se habla tanto del Barolo que cualquiera pensaría que es como Nueva York. Pero no. Barolo es un pequeño pueblecito de la provincia de Piamonte, situado unos 120 kilómetros al sur de Turín: abruptas colinas, lluvia fina, nieve en invierno y bastante niebla pero también veranos calurosos y sol, o eso al menos juraba ayer la gentil dueña del bar de la plaza.

Barolo es más que Barolo. Tampoco mucho más, pero algo más. Los datos afirman que la extensión de viñedos ocupa unas 2.000 hectáreas y que, dependiendo del clima, se elaboran aquí entre 11 y 13 millones de botellas anuales. Llama la atención que todas las viñas están en cuesta. "Es que tienen que estar inclinadas para que la uva pueda secar el agua que cae", explica Franco Martinetti, un bodeguero local, amigo de Joselito y Ferran Adrià, que hace vino desde 1976 y produce un excelente Marasco.

Otras bodegas llevan vendimiando la zona desde 1840. Antes de que Italia fuera Italia, el Barolo era dulzón. Pero el conde de Cavour hizo venir a un enólogo francés a sus viñas de Grinzane Cavour, y ahí nació la moderna tradición de la uva nebbiolo: aromática, afrutada, persistente...

"Hoy se cultiva en Alba, en Verduno, en La Morra, en Monforte, en Serralunga d'Alba... Pero la colina más preciada sigue estando en Barolo: la Colina de los Cannubi", cuenta otro bodeguero. Los que aspiran a un trozo sostienen que puede costar tan caro como un apartamento en Manhattan. Quizá exageran, pero lo cierto es que esta pequeña región ha hecho del buen comer (trufa blanca y negra, bollito -carnes cocidas-, deliciosas salchichas Bra...) y del mejor beber una filosofía de vida y un próspero negocio internacional.

En la zona hay varios restaurantes y chefs estrellados, como el Guido, de Pollenzo, donde está la Universidad de Ciencias Gastronómicas, invención debida a Carlo Petrini, el creador de la Slow Food, apuesta por la comida ecológica, sostenible y bien cocinada que desde 1989 ha agrupado a más de 100.000 socios de 153 países.

Además de la Juventus y la Fiat, Piamonte es la cuna del Risorgimento; Cavour, Garibaldi y otros iluminados pusieron en marcha aquí la maquinaria que acabó fraguando (el jueves hará 150 años) en la unidad de Italia. Ayer, la Academia del Barolo celebró la XII Subasta del Barolo e invitó a prensa de medio mundo a difundirla. Entre once Barolos para degustar, se vendieron 36 lotes de vinos caros y raros (los beneficios, para San Juan Bosco) y un lote muy especial: una caja de 12 botellas del excelente 2006 que conmemora los 150 años de la unidad. Por videoconferencia, pujaron barolistas de Singapur y Hong Kong. Pero el lote se lo quedó un italiano. Por 4.000 euros. La Academia ha enviado una caja igual al jefe del Estado, Giorgio Napolitano. Con una condición cruel: que no se la beba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de marzo de 2011.