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La leyenda de la 'Derbi paleta'

Creada durante la posguerra por Simeó Rabasa a partir de un modesto taller ciclista -su denominación es acrónimo de Derivados de Bicicletas-, la firma de Martorelles pasó de local a global gracias a su fulgurante trayectoria en la máxima escena deportiva internacional: 10 campeonatos mundiales de pilotos, 8 subcampeonatos, 8 títulos de marcas y 5 subtítulos, con casi un centenar de victorias en grandes premios. A ella van asociados nombres como los de Ángel Nieto, Ricardo Tormo, Aspar, Champi Herreros, Alex Crivillé, Jorge Lorenzo y también el del joven Marc Márquez, campeón mundial de 125 en 2010 sobre una Derbi con corazón y esqueleto de Aprilia.

Un historia que había empezado medio siglo atrás con las legendarias balas rojas de Paco Tombas, apodado el genio de la lima por su dominio de la termodinámica de los pequeños motores de 2T que propulsaban estas Derbi, diseñadas trazando las líneas maestras de sus chasis con tiza en el suelo del taller. Tombas había empezado afinando las grandes 250 y 350 cc que producía la fábrica vallesana desde principios de los cincuenta, antes de que el 600 pusiera a España sobre cuatro ruedas.

Pero si le preguntásemos a cualquier estudioso qué vehículo de dos ruedas motorizó a las clases populares durante los sesenta y setenta, invariablemente respondería: "La Derbi Antorcha, claro". Si quisiese precisar más (sin entrar en distinciones entre modelos) se referiría a ella como "la Derbi paleta", apelativo que -sobre todo en Cataluña y la costa mediterránea- deriva del rol desempeñado por esa moto en el ámbito sociolaboral durante el auge de la construcción: era el medio de transporte básico para muchos obreros, a quienes daba movilidad a bajo coste e independencia para cambiar de empleo. De ahí el sobrenombre, antes algo peyorativo y hoy cariñoso, que hace de ella algo más que una simple moto. Fue un verdadero fenómeno antropológico y la principal fuente de beneficios para su fabricante durante mucho tiempo. La historia de Derbi es también la del éxito, las ilusiones y el progreso de una gente, un pueblo y un país durante más de medio siglo. Una historia sin final feliz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de marzo de 2011