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Reportaje:

Las primeras maestras

Un libro relata la lucha de 240 profesoras de Ferrol por alfabetizar a las mujeres

En el siglo XVIII, apenas el 1% de la población femenina sabía leer y escribir. La educación era un privilegio al alcance de muy pocos hombres y prácticamente vetada a la mujer. Los niños ricos tenían un tutor y las niñas, una institutriz que las adiestraba para su futuro papel de esposas y madres. Las familias adineradas recurrían a una amiga de confianza que les enseñaba canto y bordado antes que el alfabeto. Pero hacia finales del XVIII, un puñado de ilustradas ferrolanas se atrevió a romper con esa marginación y convirtió sus casas en pequeños templos de letras y libros, al amparo de un decreto de 1783 del rey Carlos III, que permitía crear escuelas para niñas. Su historia se recoge en Ferrol en Femenino II. Primeiros pasos na educación das mulleres en Ferrol do século XVIII ao XX, una publicación de 47 páginas que repasa la historia de la enseñanza femenina en los últimos 300 años a través de 241 maestras locales "con nombre y apellido".

En 1784 se les pedía a las educadoras un "informe de buena conducta" católica

A mediados del XIX, la ciudad destacaba en Galicia por su tasa de alfabetización

Un bando de la alcaldía fechado en 1784 nombra a las cinco primeras educadoras censadas en la ciudad. María de Castro, Antonia Fernández, Josepha Sallera, Juliana Maté y Agustina Martínez de las Murias repartieron sus pequeñas escuelas por los barrios de Esteiro y A Magdalena. Para ejercer, precisaban de un "informe de buena conducta" acorde a los preceptos del catolicismo.

María de Castro regentó su escuela durante 40 años y cedió el testigo a su hija. Teresa Pazos, y otras, siguieron su ejemplo y la maestría fue el sustento de varias generaciones de mujeres. A sus clases asistían los niños y niñas menores de cinco años y, pese a que el reglamento prohibía mezclar los sexos, aparecieron algunas escuelas mixtas que "el Ayuntamiento intentó eliminar sin éxito".

El germen de esta publicación se gestó hace tres años. Un pequeño equipo de mujeres comenzó a indagar en los archivos ferrolanos bajo la dirección de Rosa Millán, para dignificar la figura de ferrolanas ilustres como la oceanógrafa Ángeles Alvariño, o la inventora Ángela Robles. Por el camino, se toparon con otras historias que nunca habían sido contadas. El resultado de sus primeras averiguaciones se plasmó en Ferrol en femenino, editado en febrero de 2010. Un año después ve la luz la segunda parte de su investigación, centrada en la educación, y compilada en Ferrol en femenino II. Para documentar las huellas de las primeras docentes rastrearon los archivos del municipio, de la Compañía de María y del antiguo Hospital de Caridad. Reunieron fotos y escritos cedidos por instituciones y particulares para hilvanar nombres y recuerdos.

La Escuela Pía, el primer colegio público para niñas de Ferrol, se creó en 1830 en los bajos del viejo hospital y se gestionaba desde el Ayuntamiento, cuenta la historiadora Carmen Pérez. Acudían 200 niñas de 6 a 13 años, hijas de las familias más pobres, y su fundación supuso un revulsivo para la enseñanza femenina del siglo XIX y puso coto al analfabetismo.

Las alumnas aventajadas se instruían como futuras maestras alimentando la cadena educativa, y a las clases de lectura, calceta y dibujo se sumó la aritmética. En 1894, el centro también comenzó a impartir clases dominicales para mujeres adultas que ansiaban aprender a leer. El trabajo de la Escuela Pía dio sus frutos y en 1860 Ferrol ya presumía de tener "una de las tasas de alfabetización más altas de Galicia".

Al despunte contribuyó desde 1885 la Escola de Artes y Oficios de Ferrol, el primer centro gallego para jóvenes aprendizas. Provenían de familias de escasos recursos y se entrenaban en corte y confección o el arte del telar. El libro, que se presentó esta semana, también repasa el proyecto de Francisco Iturralde y Marina Ochotorena para instaurar una Escuela Racionalista en la ciudad en 1933, que se truncó con la Guerra Civil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2011