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Análisis:Economía global

Su Europa particular

El discurso sobre el Estado de la Unión del presidente Obama fue un tostón. Pero la respuesta republicana oficial, presentada por el representante Paul Ryan, ha sido realmente interesante. Y no lo digo en el buen sentido. Ryan ha hecho afirmaciones muy discutibles sobre el empleo, la asistencia sanitaria y más cosas. Pero lo que me ha llamado la atención al leer la transcripción ha sido lo que ha dicho acerca de otros países: "Si no, fíjense en lo que les está pasando a Grecia, Irlanda, Reino Unido y otros países de Europa. No han actuado lo bastante pronto; y ahora sus Gobiernos se han visto obligados a imponer dolorosas medidas de austeridad: grandes recortes de las prestaciones a los mayores y enormes subidas de impuestos para todo el mundo".

Los republicanos usan el mito de una Europa fracasada en contra de las políticas progresistas

Es una buena historia: los europeos titubearon acerca de los déficits, y eso condujo a la crisis. Desgraciadamente, aunque eso es más o menos cierto en el caso de Grecia, no es ni mucho menos lo que ha pasado en Irlanda ni en Gran Bretaña, cuya experiencia refuta de hecho la actual retórica republicana.

Claro que, los conservadores estadounidenses hace mucho que tienen su Europa particular e imaginada: un lugar de estancamiento económico y una Sanidad terrible, una sociedad que gime bajo el peso del Gran Gobierno. El hecho de que Europa no sea realmente así -¿sabían que los adultos que se incorporan por primera vez al mercado laboral tienen más posibilidades de encontrar trabajo en Europa que en Estados Unidos?- no les ha disuadido. Así que no deberíamos sorprendernos por unos cuentos chinos similares sobre los problemas de deuda europeos.

Hablemos de lo que realmente ha pasado en Irlanda y Gran Bretaña. En vísperas de la crisis financiera, los conservadores no hacían más que elogiar a Irlanda, un país con impuestos bajos y poco gasto en relación con la media europea. El Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage lo situaba por encima de cualquier otro país occidental. En 2006, George Osborne, ahora ministro de Hacienda de Gran Bretaña, afirmaba que Irlanda era "un ejemplo brillante del arte de lo posible en la elaboración de políticas económicas a largo plazo". Y la verdad es que, en 2006 y 2007, Irlanda registraba un superávit presupuestario y uno de los niveles de deuda más bajos del mundo desarrollado.

¿Qué fue lo que salió mal? La respuesta es: bancos fuera de control; los bancos irlandeses se desbocaron durante los años de bonanza y generaron una enorme burbuja inmobiliaria. Cuando la burbuja estalló, los ingresos se hundieron y el déficit se disparó, mientras que la deuda pública se puso por las nubes porque el Gobierno terminó asumiendo las deudas de los bancos. Y los drásticos recortes del gasto no han logrado restaurar la confianza, a la vez que han provocado una enorme destrucción de empleo.

La lección de la catástrofe irlandesa, por lo tanto, es casi la contraria de la que Ryan pretende hacernos creer. No dice "recortad el gasto ahora, o pasarán cosas malas"; dice que los presupuestos equilibrados no le van a proteger a uno de la crisis si uno no regula eficazmente sus bancos, un argumento defendido en el informe recién publicado de la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera, que llega a la conclusión de que "30 años de liberalización y dependencia de la autorregulación" han contribuido a provocar nuestra propia catástrofe. ¿He mencionado que los republicanos están haciendo todo lo posible por minar la reforma financiera?

¿Qué pasa con Gran Bretaña? Bueno, al contrario de lo que Ryan parecía dar a entender, Gran Bretaña no ha sufrido realmente una crisis de deuda. Es cierto que David Cameron, que se convirtió en primer ministro el pasado mayo, ha dado un giro radical hacia la austeridad fiscal. Pero eso ha sido una elección, no una respuesta a la presión del mercado.

Y tras esa elección se encontraba la adherencia del nuevo Gobierno británico a la misma teoría ofrecida por los republicanos para justificar su petición de recortes inmediatos del gasto en Estados Unidos, la afirmación de que recortar drásticamente el gasto en un momento de depresión económica ayudará en realidad al crecimiento en vez de perjudicarlo.

¿Y cómo le está yendo a esa teoría? Nada bien. La economía británica, que parecía estar recuperándose de la crisis en 2010, volvió a caer en el cuarto trimestre. Sí, el mal tiempo ha sido un factor, y no, uno no debe dar demasiada importancia a las cifras de un solo trimestre. Pero está claro que no hay ningún indicio de ese aumento de la confianza del sector privado que se suponía que iba a contrarrestar los efectos directos de la eliminación de medio millón de puestos de trabajo públicos. Y, como consecuencia, la experiencia británica no ofrece apoyo alguno a las afirmaciones republicanas sobre que Estados Unidos necesita recortes del gasto para enfrentarse al paro masivo.

Lo que me lleva de nuevo a Paul Ryan y su respuesta al presidente Obama. Vuelvo a decir que los conservadores estadounidenses han usado desde hace mucho tiempo el mito de una Europa fracasada como argumento en contra de las políticas progresistas en Estados Unidos. Más recientemente, han intentado apropiarse de los problemas de deuda de Europa en beneficio de su propio programa, independientemente del hecho de que los acontecimientos en Europa realmente apuntan en el sentido contrario.

Pero a Ryan se le suele retratar como un líder intelectual dentro del Partido Republicano, con especial conocimiento de los asuntos relacionados con la deuda y el déficit. Así que la revelación de que literalmente no tiene ni la más remota idea de las crisis de la deuda que actualmente se están produciendo es, como he dicho, interesante, y no en el buen sentido.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía de 2008. © 2011 New York Times Service. Traducción de News Clips.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de enero de 2011