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Halcones contra palomas en el Calderón

Un cetrero combate con aves rapaces las 'ratas del aire' en el estadio atlético

Busquen, busquen. Tómense su tiempo. No les servirá de nada. Terminarán con la vista cansada y no habrán echado el ojo a una sola paloma -torcaz o de la familia que sea, lo mismo da- a lo largo y ancho del perímetro del Vicente Calderón. El responsable de que el estadio del Atlético haya pasado de ser un área de descanso de cinco estrellas en las migraciones de los pichones del norte de Europa hace 10 años a un escenario libre de la plaga de las ratas del aire y demás especies invasoras es Jorge Castaño, madrileño de 40 años del barrio de Peñagrande, especializado en el adiestramiento de halcones y otras rapaces.

Castaño no es un cetrero cualquiera. Su fama en el sector no conoce límites. El hombre, que se encontró el Calderón "como si fuera un palomar", hizo carrera en el Falcon Center de Hamburgo (Alemania), uno de los centros de adiestramiento más reputados de Europa. Pero para exquisitos de verdad, los árabes. "Los halcones, para ellos, son dioses", explica quien ha trabajado para un jeque en los Emiratos Árabes Unidos. Currículo no le falta. Tampoco ganas. "De alguna forma me recuerda a Lola Romero, la presidenta del Atlético Feminas, que se propuso crear un equipo de mujeres en un momento en el que el club no estaba para tirar cohetes. A ella le dio lo mismo, creía en su idea y sabía que funcionaría. Lo mismo pasó con Jorge. Los resultados son evidentes", asiente Emilio Gutiérrez, boss del área de marketing y mano derecha de Miguel Ángel Gil Marín, el consejero delegado del club.

"No sé qué haría sin Jorge y sus polluelos", dice el jardinero jefe

Tras la mediación del torero Miguel Abellán, un amigo común con Castaño, el hijo de Jesús Gil accedió a que un equipo de halcones -Kun, Forlán, Valera- y águilas como Apache -"los nombres no son casualidad, ¿eh?"- despejara el graderío y el espacio aéreo del estadio de la voracidad de las palomas y sus excrementos, fatales para cualquier edificio por sus componentes ácidos, principalmente fosfóricos y úricos.

"El control de aves y fauna con halcones se ha profesionalizado, abarca desde los estadios de fútbol a los aeropuertos, donde evitan muchos accidentes espantando a las bandadas de aves... La naturaleza se combate con naturaleza. Cualquier invento humano para echar a animales no deseados tiene una secuencia. Una duración. Una rutina. Si vienes las mismas horas los mismos días, las palomas se lo aprenden. Si te tiras un mes viniendo lunes, miércoles y viernes, esos días no las verás, pero el resto...", explica Castaño.

"No sé qué haría sin Jorge y sus polluelos", resume Juan Carlos Cánovas, el jardinero jefe del Calderón. El césped de un estadio no es como el césped de una pradera. Hay que mimarlo como a un niño. La hierba es muy señorita, necesita una esponjosidad x, un grado de humedad z. Las semillas no se encuentran en el bazar de la esquina. "Hace 10 años, echabas como 500 kilos de semillas, ¿y qué sucedía? Que según lo hacías te venían otras tantas palomas. Ahí no terminaban los daños: como se lo comen todo, los excrementos que dejaban podían llevar larvas de orugas, así que imagínese", recuerda Cánovas. Ahora planifica cada siembra con Castaño. "Él consiguió lo que no pudieron la cantidad de gatos que había por esa época en el Calderón. ¡Vaya vagos! Con Jorge hubo final feliz, pero no solo eso: hizo del Atlético un club innovador, pionero en salvaguardar el césped", cuenta Antonio Sanz, ahora en la agencia de futbolistas Bahía Internacional y que en su etapa como jefe de prensa del Atlético publicitó el trabajo de limpieza realizado.

Castaño echa la vista atrás y menciona a Luna, un búho que le echó una mano -o más bien unas garras- realizando alguna que otra incursión nocturna por los tejados. "Ahora es más fácil trabajar, mis empleados llevan un GPS incorporado en la parte trasera de su chalequito de teflón", interviene Castaño, que tiene su cuartel general en El Álamo. "¡Pero si es un crack! No sabe lo que le agradezco que me haya iniciado en un mundo tan extraordinario", se escandaliza Valera, al que poco falta para darle un vistazo al De arte venandi cum avigus o Arte de Cetrería que el emperador Federico II tardó en elaborar más de 30 años. "Todo esto se hace exactamente igual que hace cientos de años. Solo ha cambiado que usamos los transmisores. Y que la cetrería ya no es exclusiva de los nobles", sentencia el halconero.

Con el mismo entusiasmo que Valera, Quique Flores destaca la labor de Castaño y su peculiar cuadrilla de trabajo. "A mí me gusta el fútbol, y para que mi equipo lo practique necesito el césped en perfectas condiciones. ¿Y sabe por qué lo tengo? Porque cuando un halcón está patrullando el Calderón a 200 metros todo lo que hay debajo se acojona de tal manera que desaparece", afirma el técnico, sobrino de La Faraona, que se queda de piedra cuando le comentan que hace cosa de un mes la Unesco declaró a la cetrería y el flamenco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. "¡Menuda combinación! ¡Si lo supiera mi tía!", concluye el entrenador del Atlético entre risas.

La cetrería, un arte

- El precio de un halcón sin adiestrar ronda los 3.000-3.500 euros frente a los 10.000-15.000 de uno ya enseñado. Por uno ya amaestrado, los jeques árabes pueden pagar incluso 20.000.

- Se empieza a adiestrar a un halcón cuando tiene 80-90 días y ya está desarrollado. La formación suele ser de un año.

- Los halcones pueden vivir unos 25 años, aunque a partir de los 18 ya pierden muchas de sus facultades.

- Cada comunidad autonóma tiene sus normas sobre la materia. En Madrid, las aves de cetrería deben inscribirse en el registro de la Consejería de Medio Ambiente.

- El divulgador Félix Rodríguez de la Fuente dio un gran impulso a la recuperación de la cetrería. La consideraba "un arte" al que dedicó varios libros y llegó a ser Cetrero Mayor del Reino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de enero de 2011

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