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Reportaje:

La generación perdida de Caranza

Ferrol reconoce 25 años de trabajo de la asociación de lucha contra las drogas

A finales de los setenta, la heroína se extendió como una epidemia por el barrio ferrolano de Caranza. Una barriada joven organizada en torres y bloques con miles de viviendas habitadas por obreros e hijos de obreros, castigados por la reconversión naval de 1982, que limitó las capacidades y plantillas de las factorías. El paro, la falta de recursos y la desinformación se conjugaron en Caranza y causaron estragos. La heroína irrumpió con fuerza, se enredó en sus calles y acabó con toda una generación, abriendo una brecha social que costó años superar. Caranza fue un caso muy particular en Galicia, pero no el único.

Hastiados de la desidia de las administraciones públicas, un grupo de vecinos, profesionales y políticos de Ferrol iniciaron su cruzada en 1985 creando la primera Asociación Ferrolana de Drogodependencias (Asfedro). Es una de las entidades antidroga más veteranas y activas de la comunidad, y surgió poco después que Aclad, en A Coruña, o Alborada, de Vigo. Llevan un cuarto de siglo trabajando a destajo y con discreción para rescatar a los drogadictos de su infierno personal, aunque no siempre lo consiguen. Su trabajo recibió ayer el reconocimiento unánime de la corporación ferrolana, el premio Ferrolano del Año.

No se atreven a dar cifras de los muertos por heroína en los ochenta

Desde Asfredo dicen que la cocaína es ahora la sustancia más consumida

Su presidente, José Graña, recogió el galardón a mediodía de manos de los alcaldes socialistas de Ferrol y Lugo, Vicente Irisarri y Xosé Orozco, en un abarrotado teatro Jofre, engalanado para festejar el patrón local y su hermanamiento con la ciudad de las murallas desde 1906. "Asfedro fue la respuesta ciudadana a un gravísimo problema que se cebó con toda una generación, muy especialmente en Caranza, el barrio más afectado por el tráfico y consumo", explica Graña. No se atreve a dar cifras de las víctimas de "la generación perdida", pero recuerda el caso de una vecina, María Luisa, que perdió a cinco de sus nueve hijos arrastrados por la heroína. A finales de los ochenta trazaron un ambicioso plan comunitario contra la droga que involucró a toda la barriada y les valió el premio Reina Sofía al trabajo social en 1990.

Ese mismo año, fundaron la comunidad terapéutica de O Confurco, en Doniños. Cuentan con 22 plazas -18 varones y 4 mujeres- para un tratamiento integral de desintoxicación que se estira de seis a nueve meses en una finca de 12.000 metros cuadrados rurales, con gimnasio, huerta y taller de carpintería que funcionan como centro ocupacional. En las dos últimas décadas, por O Confurco han pasado un millar de pacientes y otras 600 personas están a tratamiento con metadona para superar su adicción. "El 90% son hombres", precisa Graña.

Asfedro emplea a 34 profesionales -médicos, psicólogos, enfermeros, educadores y terapeutas sociales- empeñados en atajar una nueva epidemia de cocaína que se propaga con excesiva facilidad entre la juventud en institutos, bares y discotecas. La plantilla se reparte entre dos unidades en Caranza (asistencial) y Doniños (terapéutica). Manejan 3.800 historias clínicas y tratan a 1.200 usuarios cada año, con un presupuesto de 938.000 euros que aporta la Xunta a través del Sergas. Otros convenios anuales con el Ayuntamiento y la Diputación financian programas preventivos en los centros educativos y las escuelas de la Armada. El tratamiento es anónimo, gratuito y, casi siempre, voluntario, aunque también pueden intervenir los jueces a cambio de rebajar penas.

Hace tiempo que la heroína inyectada en vena en los ambientes marginales ya no es la reina de las drogas. El nuevo siglo ha desviado el foco hacia la cocaína y las drogas de diseño. El nuevo perfil del drogadicto, explica Helena Insúa, trabajadora social de Asfedro, es un joven, con estudios y cierto poder adquisitivo que combina alcohol y drogas. "Se inició en la adolescencia hasta desarrollar una adicción voraz", apunta. De acuerdo con los datos que manejan, el consumo de cocaína se "ha socializado". "Es fácil de conseguir, relativamente barata, el deterioro físico es más lento y su consumo es discreto", resumen para explicar el auge de la sustancia. Cuenta Insúa que hay padres e hijos que han estado a tratamiento a la vez, y recuerda el caso de un menor, al que administraron metadona antes de los 18. Le preocupa especialmente "el abuso de hachís entre los adolescentes", y asegura que llegan a la consulta padres preocupados por la actitud violenta de sus vástagos o su falta de atención y memoria.

Ferrol también reconoció el trabajo de la veterinaria Rebeca Atencia, directora del mayor santuario para chimpancés de África, con una de las tres Insignias de Oro de la ciudad. El profesor Alfredo Vigo Trasancos, apasionado de la arquitectura local, obtuvo la segunda, y la Sociedad Filarmónica Ferrolana, la tercera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de enero de 2011