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Trabajo y los sindicatos intentan evitar contra reloj la huelga general

Ambas partes vuelven a verse hoy para acercar posturas sobre las pensiones

Con el aliento en la nuca de una segunda huelga general contra José Luis Rodríguez Zapatero, los sindicatos y el Ministerio de Trabajo arrancaron a las seis de la tarde de ayer una negociación contra reloj. Buscaban acercar posiciones, trabar algún tipo de principio de acuerdo sobre la reforma de pensiones que no sitúe al Gobierno ante un nuevo choque social -con las encuestas ya muy en contra y en un año electoral-, y que evite a los sindicatos convocar otro paro de resultado incierto y que podría debilitarlos. El vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, prometió ayer que el Ejecutivo "peleará" por ello. También los sindicatos acudieron a la cita dispuestos a hacer un esfuerzo. Pero la verdad, ninguna de las dos partes se mostraba ayer muy optimista sobre el resultado final.

A pesar de los ánimos pesimistas, la reunión, que acabó sobre las nueve, continúa hoy. En la cita de ayer, según uno de los asistentes, se trataron temas generales. Mientras, fuentes de Trabajo mostraban su esperanza en que la continuación de las conversaciones hoy fuera una buena señal.

Al encuentro de ayer, unos y otros llegaron pasándose la pelota. Desde Trabajo advertían que sus planes de retrasar la edad legal de jubilación a los 67 años no han cambiado. "El planteamiento es cómo se hace", apuntaban. Hablaban de qué profesiones estarían excluidas o de los años de cotización necesarios para poder retirarse a los 65.

"El asunto está en el alero del Gobierno", despejaban desde el lado sindical. Otro portavoz exponía donde están dispuestos a negociar: incentivos para prolongar voluntariamente la vida laboral más allá de los 65 años o aumentar el cómputo. Pero de retrasar la edad legal, ni oír hablar.

Al encuentro, que en vano se pretendía discreto, acudieron delegaciones amplias. Por parte de Trabajo fue su titular, Valeriano Gómez; el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado; la secretaria de Estado de Empleo, Mari Luz Rodríguez; y el jefe de gabinete, Antonio González. Por parte de UGT, su líder, Cándido Méndez; el responsable de Acción Sindical, Toni Ferrer; y la de Política Social, Carmen López. Y por parte de CC OO, el secretario general, Ignacio Fernández Toxo; Ramón Górriz (Acción Sindical); y Carlos Bravo (Seguridad Social).

Sobre la mesa, además de las pensiones, otros dos temas: la negociación colectiva y la reforma laboral. En el primer caso, el Gobierno expuso a los sindicatos la necesidad de establecer mecanismos que no obstaculicen la negociación de los convenios una vez finalizado su plazo. Los detalles no trascendieron, pero en el Ministerio advertían de que no estaba en sus planes proponer soluciones propias de la patronal.

Pero esto no basta para los sindicatos. Exigen el compromiso del Gobierno de no entrometerse en las negociaciones pendientes con la CEOE para pactar entre ellos los cambios en los convenios, tal y como exige la reforma laboral.

Precisamente sobre el desarrollo de esta trataba otro punto del orden del día. Ahí la primera asignatura pendiente, este mismo mes, es el decreto sobre los expedientes de regulación. Tiene que definirse el procedimiento con el que las empresas podrán acreditar las pérdidas previstas para recurrir al despido objetivo (20 días por año trabajado). No obstante, ayer advertían desde Trabajo que el margen "es limitado".

Negociación fratricida

Las posiciones ayer eran lejanas, pero el origen de los asistentes no tanto. Casi todos provenían prácticamente de la misma familia: la sindical.

El primero de ellos, el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez. Empezó a trabajar en el gabinete técnico de UGT. Su pertenencia a este sindicato todavía hoy quedó clara al asistir a la manifestación contra la reforma laboral en la pasada huelga general. La trayectoria de Gómez es calcada a la de su jefe de gabinete, Antonio González, otro de los representantes del Gobierno. Este también pasó por el gabinete de UGT antes de incorporarse a las tareas del Ejecutivo en la anterior legislatura. Menos directo es el origen de la secretaria de Estado de Empleo, Mari Luz Rodríguez. Como profesora de Derecho Laboral de la Universidad de Castilla-La Mancha trabajó junto a Antonio Baylos, un catedrático muy cercano a Comisiones Obreras.

Pero no parece que la proximidad facilite la negociación. Más bien al contrario. Uno de los líderes sindicales sentado a la mesa ayer decía hace meses que ser viejos conocidos incluso dificulta aún más las cosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de enero de 2011

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