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Robert Longo | ARTE / Entrevista

"Ser muy clásico, elegante en la presentación, es la forma que tengo de ser un radical"

El artista neoyorquino plantea su próxima exposición en Madrid como un juego de significados entre unas mujeres con burka, un tigre enjaulado y tres templos de diferentes religiones. Para él, "montar una exposición es como hacer una película"

El arte de Robert Longo (Nueva York, 1953) combina lo tradicional de la técnica, el dibujo, con unos contenidos que suelen impactar o perturbar al espectador. Emociones conectadas acertadamente con el Zeitgeist, el evasivo espíritu del momento presente. "Creo que la primera misión del arte es conmoverte de alguna manera", dice Longo por teléfono desde su estudio en Nueva York. "Lo chocante ya no funciona. Hay que provocar emociones y sentimientos. Hacer arte significa dar cuenta de lo que significa estar vivo en el momento que te ha tocado. Es algo que vemos en las pinturas de otras épocas, al verlas podemos comprender en parte la vida de entonces".

El dibujo está en creciente auge actualmente. Pero la decisión de Longo de utilizarlo como vehículo principal de su actividad creativa viene de otro tipo de reflexiones. "Cuando era joven y pensaba qué camino tomar dentro del arte, me di cuenta de que había dos grandes áreas que no habían sido suficientemente explotadas. Una son los relieves, formas tridimensionales atadas al plano. Y la otra era el dibujo", explica. "Al principio hice muchos relieves y siempre he dibujado. El caso es que el dibujo te lleva a pensar en los museos y esas salas a media luz donde se exponen estos papeles tan frágiles y pequeños, tan íntimos a veces. Se me ocurrió hacer dibujos del tamaño de pinturas y que, enmarcados, pesan como si fueran esculturas. Además, en el dibujo a carbón el blanco que ves es puro, es el papel o la tela sobre la que trabajas. Eso me llevó a pensar que dibujar es lo opuesto a pintar porque en la pintura se trata de cubrir todo con color, vas de lo claro a lo oscuro. En el dibujo siempre quedan rastros de la luz del fondo. Se parece un poco a la escultura en que no puedes volver atrás o corregir mucho, como cuando quitas un trozo a una piedra en escultura y ya no lo puedes volver a poner. Cuando dibujas al carbón sobre papel, lo impregnas con el trazo. En ese sentido se parece un poco a la fotografía. Y algo que también me gusta: el carboncillo deja una textura como de terciopelo negro".

"Hacer una exposición es como hacer una película. (...) En ella el artista tiene la oportunidad de presentar la obra tal como quiere que sea vista"

Las series de grandes dibujos lo hicieron conocido en los años ochenta, Men in the cities, figuras de hombres de negocios contorsionándose en el aire. "No creo que mis dibujos sean fotorrealistas", dice, "porque manipulo las imágenes en el ordenador antes de proyectarlas en el papel y hago muchos estudios previos. Yo situaría mi trabajo a medio camino entre la representación tradicional y la abstracción modernista. Todos tendemos a ver el mundo a través de las fotografías, es así como funciona nuestra memoria, y esto funciona también en ese nivel".

La exposición que presenta en la galería Soledad Lorenzo, de Madrid, se titula Mysterious Heart, y está planteada así: tres grandes dibujos de rostros de mujeres con burka, en el centro uno de un tigre enjaulado y en la otra sala otros tres dibujos: una mezquita, una catedral y una sinagoga. "Todas son imágenes que han sido algo manipuladas y exageradas. En los interespacios habrá varios objetos a la manera de custodias, como las que usa la religión católica para exponer la hostia tras un cristal. Son cuadrados de vidrio rojo, verde o azul con marco dorado y un espejo detrás. Son como unas pequeñas cámaras muy bonitas en las que, si te acercas, ves tu reflejo".

No se trata de juntar simplemente algunas de sus obras recientes. Hay una narrativa imprecisa, pero muy pensada por el artista. "Hacer una exposición es como hacer una película", comenta Longo. "Construyes la exposición para que exista en un lugar físico y que el espacio adquiera cierto significado. Lo habitual es que uno hace las obras de arte y después alguien lo compra, lo cuelga en el salón de su casa y pierdes todo control sobre la pieza. En una exposición, el artista tiene la oportunidad de presentar la obra tal como quiere que sea vista. Suelo hacer una maqueta del espacio de exposición y planifico con cuidado toda la instalación. Lo importante es que al ver la exposición esta funcione a varios niveles con una multiplicidad de significados".

Los dibujos de cabezas con burka impresionan y hasta intimidan, tanto por la escala como por los ojos que miran directamente al espectador. Son mujeres que parecen prisioneras, pero también se sienten a salvo, en cierta manera. Uno de los dibujos es de la mujer del artista, la actriz alemana Barbara Sukowa, ataviada de esa manera. "Una vez estábamos visitando el Louvre y vimos un grupo de jovencitas con burka y todas tenían unos ojos preciosos y calzaban una especie de chinelas muy delicadas. Me parecieron muy sexys. Le dije a mi mujer que me parecían hermosas y eróticas de alguna extraña manera. Y ella me dijo que a veces le gustaría poder usar algo así y no preocuparse del peinado, del maquillaje, ir de forma anónima", comenta. "No digo que esté bien o mal usar burka. Si te obligan a usarlo es un problema. Si lo haces por voluntad propia es una opción. Yo solo he arrancado un trozo de realidad y lo pongo ante el observador para que elabore sus propias ideas sobre estas imágenes. Los paneles reflectantes frente a ellas fuerzan un poco el juego".

Burkas y barrotes. "El tigre enjaulado tiene una actitud muy orgullosa", continúa explicando Longo. "La idea de las fieras enjauladas viene de ese filme de Robert Bresson, Al azar, Baltasar (1966), es la historia de un burro que corre paralela a la de una niña. En un momento el burro es vendido a un circo como bestia de carga. En una escena este pasa totalmente abrumado por su carga frente a los animales enjaulados y ellos lo miran con cierto desprecio. Es un momento interesante en el que te preguntas quién es el esclavo".

En la otra sala, tres templos de las religiones del Libro. "La religión es un asunto crucial en el mundo de hoy", afirma. "Como americano, y a pesar de lo avergonzado y preocupado que estoy por mi país, veo cosas positivas. Vivo en Brooklyn, donde hay chinos, judíos, africanos, árabes, gente de muchos países que se lleva bastante bien. Creo que Estados Unidos es distinto de Europa, en el sentido de que allí son como tribus distintas. La tribu de España, la de Francia o Alemania. EE UU está construida sobre la idea de una comunidad de procedencias distintas. Obviamente eso es más visible en las grandes ciudades que en el resto del país. A lo que voy es que en EE UU predomina un espíritu de equipo, como en los deportes. Vamos todos juntos a alcanzar las metas y además somos enfermizamente competitivos. Cuando lo del 11-S no hubo un intento serio de comprender realmente lo que había pasado, en su lugar parecía como si nos hubieran metido un gol y tuviéramos que remontar el partido".

Ha dicho que montar una exposición es como hacer una película. Longo no solo es un cinéfilo, sino que ha dirigido un largometraje de éxito, Johnny Mnemonic (1995), y no descarta volver a hacerlo. "Sí, probablemente haga otra. El problema es que para hacer cine requieres de mucha gente y la palabra más afín a director de cine es dictador. Como trabajas con el dinero de otra gente, estos tratan de decirte cómo hacer las cosas. Al ser artista te sientes presionado. Y todo ese esfuerzo para, al final, tener solo una cajita de plástico con un DVD en las manos".

La pintura y el dibujo son representaciones bidimensionales que mantienen la magia de lo real. Y también lo modifican. "Cada vez que voy a Madrid visito los cuadros de Velázquez y no dejan de asombrarme", comenta. "Pienso que la escala de la obra tiene mucha importancia. Me gusta manipular los tamaños para significar cada pieza. Los burkas son muy grandes y las iglesias muy pequeñas, el tigre es de tamaño natural. Un amigo calificaba con humor mis trabajos como 'íntimas inmensidades'. El tamaño de una obra crea sensaciones de intimidad o lejanía".

"Yo realmente creo en el arte", dice de pronto, riendo por lo bajo. "Ser muy clásico en la presentación de las obras, elegante, es la forma que tengo de ser un radical. En gran parte del arte contemporáneo predomina lo sucio, lo desordenado. Las instalaciones con todo por el suelo, los vídeos... hay una estética del caos. Respeto mucho esas otras expresiones del arte actual, pero para mí ser el más radical significa decir: creo en este objeto solitario y eso es lo que voy a presentar. No necesito nada más. Ningún truco".

Mysterious Heart. Robert Longo. Galería Soledad Lorenzo. Orfila, 5. Madrid. Del 11 de enero al 26 de febrero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de enero de 2011