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COLUMNA

Ver o no ver

Las Navidades persisten como uno de los pocos mitos donde no es imprescindible ver para creer. La ligadura de nuestra civilización con la imagen es tan estrecha que hasta conceptos tan inasibles como el amor necesitan de una foto, ya sea con beso, carantoñas o una muchacha en traje de novia para ejemplificar qué es eso de lo que tanto hablamos. De entre todas las traslaciones a imagen de actividades humanas una de las más interesantes es la policial. Los noticiarios se nutren de imágenes autoproducidas por una brigada audiovisual que nos muestra la irrupción de los cuerpos de élite en un piso franco, la extradición de algún terrorista con su bajada del avión al llegar al aeropuerto, ciertas detenciones o la redada en algún centro de trata de blancas, imágenes estas que pese a la iluminación nocturna retratan buenos muslos.

La más repetida es el alijo de sustancias, divisas y armamento. Se monta entonces una mesa y se presenta como en una exposición de maestros turroneros la ristra de pistolas, escopetas, navajas, a veces con notita identificativa. Esas imágenes tienen la misión de ejemplificar un esfuerzo muchas veces desagradecido y poco reconocido, de hacernos ver lo que nos espera sin la protección policial. Una vez más, ver es conocer mejor. Estos bodegones contemporáneos no han sido todavía objeto de atención de los pintores, pero guardan correspondencia directa con las clásicas naturalezas muertas y representan nuestro nuevo orden de las cosas.

Existe otra pata en el audiovisual policiaco que provoca incomodidad. El relevo en la Consejería de Interior de Cataluña ha coincidido con la condena judicial a agentes de la Guardia Civil por torturas a los dos detenidos etarras acusados del crimen de la T-4. El responsable de CIU quiere acabar con las cámaras de vigilancia en las dependencias policiales que colocó el tripartito y que sirvieron para clarificar denuncias de malos tratos contra detenidos. Nadie sabe si el anuncio será otro amago para ganarse las simpatías en la llegada al cargo, pero sería bueno reflexionar sobre los controles que ayudan a equilibrar una balanza donde se permite filmar todo de un lado y en cambio se tapa el objetivo cuando apunta al otro. Nos guste o no, la imagen genera confianza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de enero de 2011