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La UE critica a Grecia por blindar su frontera con Turquía

Atenas intenta contener la oleada de inmigración irregular

El Gobierno griego ha sorprendido a Bruselas con el anuncio de la construcción de una valla de 12,5 kilómetros en su frontera nororiental con Turquía para hacer frente a la oleada de inmigrantes que la cruzan ilegalmente con la ambición de entrar en Europa. A petición de Atenas, la Comisión desplegó hace dos meses unos 200 efectivos de la agencia Frontex para controlar esa zona y calcula que el flujo humano se ha reducido más del 40%. Para Grecia eso no es suficiente. Bruselas responde que "muros o alambradas son medidas a corto plazo que no abordan de forma estructural la inmigración clandestina".

La frontera terrestre greco-turca son algo más de 200 kilómetros, casi en su totalidad limitados por la barrera natural del río Evros, que está patrullado por lanchas. Apenas 12,5 kilómetros son tierra, y esa lengua terrestre, convertida en un coladero, es la que Atenas pretende bloquear.

La barrera sigue el modelo de la que España ha erigido en Ceuta

El año pasado, unos 130.000 inmigrantes ilegales entraron en la Unión Europea a través de la fronteras terrestres y marítimas de Grecia, de los que más de 40.000 lo hicieron a través de la zona de Evros, según el Gobierno heleno. Además, el área se ha convertido en la principal ruta de entrada en Grecia de indocumentados africanos y asiáticos. Según Frontex, una media de 245 personas cruzaron ilegalmente cada día esa frontera durante el pasado octubre.

"Esa es la dura realidad y tenemos la obligación de abordarla", señala un comunicado de Christos Papoutsis, ministro de Protección Civil. "Vamos a poner los medios para controlar el flujo de inmigrantes ilegales a lo largo de 12,5 kilómetros".

La barrera se inspira en el modelo de la erigida por España en su frontera de Ceuta, con alambradas, cámaras térmicas y sensores de movimiento, según el secretario de Estado de Inmigración, quien asegura que las obras comenzarán cuanto antes.

Las inmediatas reacciones críticas en Grecia han sido calificadas de hipócritas por el Gobierno, que presiona a Bruselas para que redoble sus esfuerzos para alcanzar con Ankara un acuerdo de retorno por el que se comprometa a admitir a los inmigrantes clandestinos llegados a través de su territorio. El no hacerlo convierte a Turquía en un polo de atracción para ese tráfico, a lo que también contribuye el reforzamiento de los controles en la zona occidental (España) y central (Italia) del Mediterráneo. Papoutsis, no obstante, mantiene que "las medidas no van dirigidas de ninguna manera contra Turquía, sino que facilitarán la cooperación para aplicar el acuerdo bilateral de repatriación".

Un portavoz de Cecilia Malmström, comisaria de Interior y responsable de las políticas de inmigración en la UE, asegura que "las negociaciones con Turquía siguen su curso", pero la realidad es que no hay fecha prevista para su conclusión. La comisaria ha calificado de "dramáticas" las cifras recabadas por Frontex, pero, según su portavoz, "los muros o alambradas son medidas a corto plazo que no abordan de forma estructural la inmigración clandestina", cuya gestión requiere "el diálogo con los países de origen y los países de tránsito".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de enero de 2011