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Análisis:El tercer año de crisis

Transferencias de poder adquisitivo

La cifra provisional de inflación armonizada ha repuntado con fuerza en el segundo semestre de 2010 hasta una tasa anual del 2,9% al final del año. La situación inflacionista española fue muy moderada en el primer semestre de dicho año, con una inflación subyacente cuya tasa anual media cayó al 0,15%. En tal periodo la correspondiente tasa de inflación global subió al 1,3%. La discrepancia entre ambas medidas de inflación se debió a los precios energéticos.

A partir de julio se produjo un repunte en la inflación generado principalmente por un componente interno, fiscal, y otro externo, la subida de los precios de otras materias primas además del crudo de petróleo. La componente fiscal descansa principalmente en la subida del IVA, con un impacto entre seis y siete décimas en la tasa anual de la inflación global, y en la subida del tabaco, con un impacto de dimensiones parecidas. Estas subidas de precios se deben a la necesidad del Estado de recaudar más recursos y a la decisión de obtenerlos aumentando la presión fiscal sobre el consumo. Las subidas de la luz, del gas, de los transportes y de otros servicios cuyos precios están regulados, también contribuyen a reforzar el impacto inflacionista. Todos estos factores mantendrán una inflación global anual en torno al 3% hasta el primer trimestre de 2011. En resumen, más de un punto de la inflación se debe, simplemente, a impuestos: una transferencia de poder adquisitivo de los ciudadanos al Estado.

La segunda componente es exógena y depende del fuerte encarecimiento de las materias primas energéticas, minerales y alimenticias. Para cuantificar este efecto considérese que la inflación no energética en diciembre ha debido situarse sobre el 1,6%. En cuanto a las otras materias primas, la transmisión de las subidas en los mercados internacionales a los precios al consumo en España sigue dinámicas más lentas e inciertas. Sin embargo, los precios al consumo de los bienes industriales no energéticos estuvieron subiendo con una tasa anual del 0,8% en noviembre frente a una tasa negativa del 1,7% en enero del mismo año; e incrementos más acusados se dieron en los alimentos no elaborados.

Teniendo en cuenta la frágil situación de las cuentas públicas es muy probable que se tengan que adoptar nuevas subidas de impuestos indirectos en 2011. Es decir, a pesar de la subida en julio de 2010, el IVA en España sigue por debajo de la media europea. Asimismo, los impuestos sobre carburantes y tabaco siguen siendo inferiores que en los países de la Unión al igual que el coste medio de la energía eléctrica y del gas. Así pues, sigue habiendo amplio margen para un ulterior endurecimiento de tarifas e impuestos indirectos. Este patrón es tanto más probable cuanto más se prolongue el estancamiento de la economía española y de su mercado laboral y el mantenimiento de la dificultad de financiación internacional.

Finalmente, la acusada dependencia del IPC de factores exógenos y de las necesidades de financiación del Estado cuestiona, una vez más, su utilización en los mecanismos de actualización automática de salarios, pensiones, alquileres y otros. Las subidas salariales habrá que vincularlas más a la productividad y a la situación específica de las empresas, aspectos que deberían tratarse en la reforma pendiente.

En cuanto a las expectativas de inflación a corto plazo se puede decir que en abril de 2011 se espera una reducción gradual, que podría verse acentuada, en la segunda mitad del año. La tasa media anual esperada para el año que acaba de empezar podría ser del 2,3% (± 1,17) si no se producen más subidas de impuestos indirectos y precios semiadministrados. Para 2012 cabe anticipar una clara ralentización de las tensiones inflacionistas.

Antoni Espasa y Emiliano Carluccio. Boletín de Inflación y Análisis Macroeconómico. Universidad Carlos III de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de enero de 2011