Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Diseño

Cambio de luces y de formas

La ecología modifica los diseños y costumbres de las luminarias

El adiós inminente a la bombilla incandescente y la necesidad de conferir calidez a las luminarias fluorescentes, y de paso a las bombillas de bajo consumo, ha despertado el ingenio de diseñadores del mundo. En España, Ramón Benedito ha ideado una lámpara de suspensión, de altura graduable, llamada Siluet, que atraviesa los ojos. Apenas se ve. Funciona con dos tubos y un vacío. Ese hueco se percibe tanto como los fluorescentes. Fabricada en poliuretano pintado de blanco y con difusores de policarbonato matizado, emplea la carcasa como reflector de ida y vuelta. La ha puesto a la venta la empresa Grok-Grupo Leds-C4.

Benedito es un histórico del diseño, con premio nacional incluido, y capacidad para brillar con mayor intensidad en las cuestiones trascendentales que en las anecdóticas de esta disciplina. Se trata de un tipo que, en otra época, hubiera sido inventor. Es de los que deshace electrodomésticos para estudiar no cómo funcionan sino qué les sobra. Por eso su luminaria sorprende, pero no deslumbra. La lámpara nació con la necesidad que obsesiona a todos los fabricantes de hoy: la introducción en los hogares, oficinas y comercios de la iluminación de bajo consumo, con un protagonismo recuperado por la fluorescencia.

En Suecia, entretanto, el estudio Form Us With Love ha retomado la clásica lámpara industrial para reinventarla en versión blanda. Con una pantalla de goma de silicona, reforzada artesanalmente, se puede doblar, plegar y desdoblar para guardar en un cajón o colgar en cualquier momento. Producida por un clásico sueco, la empresa Muuto, no es esta la primera vez que Jonas Petterson, John Löfgren y Petrus Palmér trabajan para esta firma. Sin embargo, cada vez que lo han hecho han reinventado una lámpara: convirtiendo el cable por el que pasa la electricidad en mástil de una luminaria de pie o agrandando la pantalla, a un tamaño gigantesco, para hacer convivir su misión de iluminar con la de aislante acústico. Eso es lo que ha sucedido en su propio estudio, recién inaugurado en el centro de la capital sueca, donde los diseñadores han colgado una macro pantalla de fieltro con el tamaño de la mesa de reuniones, confirmando la moda de la lámpara sastre hecha a medida.

Las bombillas fueron las primeras en mover ficha. Y tras las primeras apuestas por la tecnología LED -en las que, con una fuente lumínica de menos de un centímetro, la lámpara podía integrarse en los muebles y la arquitectura (como hizo Ingo Maurer), o incluso desaparecer-, los diseñadores de luminarias han hablado. No quieren que desaparezcan las pantallas ni la clasificación de techo, mesa o suelo. Pero admiten que algo va a tener que cambiar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de diciembre de 2010