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Reportaje:

Partituras que iluminaron un siglo

Cerdedo fue entre 1850 y 1950 una floreciente cantera de músicos populares

"Pontevedra, de Lalín para abajo, no sabe celebrar una fiesta sin una o dos bandas de música", dejó escrito el intelectual Enrique Alvarellos Iglesias en Las bandas de música de Galicia (1986). Desde que, en el siglo XIX, el nacimiento de las bandas de música civiles, aunque uniformadas y dispuestas en desfiles como las primigenias militares, invitó a las clases populares a disfrutar de la música, los linajes más célebres de instrumentistas, maestros y compositores de esta tierra están enraizados en las comarcas de Deza y O Condado, con Lalín y Ponteareas como epicentros. Pero no son los únicos.

Hace siete años que Manuel Campos Toimil (Cerdedo, 1965) se adentró en la tarea de inventariar casi un siglo de inusitado esplendor musical protagonizado por sus vecinos. Investigador y profesor de Farmacología en la Universidade de Santiago y músico integrante de la Asociación Cultural Os Abrentes, Campos echó mano de sus pautas de trabajo habituales, que tienen que ver con el rigor y el análisis, para desbrozar un terreno colindante con su biografía y sus intereses personales. "Es una historia impresionante que estaba a punto de quedarse en el olvido", razona, a sabiendas de haber aprovechado la última oportunidad para recoger testimonios y recuerdos perdidos para siempre.

Labriegos, sastres y panaderos se ganaban un valioso sobresueldo

En el pequeño municipio había cuatro bandas y varias escuelas

Junto con otros dos miembros de Os Abrentes, Xosé Luís y Rubén Troitiño, se lanzó a entrevistar a sus mayores, algunos centenarios y a estas alturas muchos de ellos ya desaparecidos, y a bucear en los archivos oficiales de la comarca de Terra de Montes y en arcones llenos de papeles y fotografías a los que nadie prestaba atención dentro de casas repartidas por las ocho parroquias de Cerdedo.

Y en un ayuntamiento de poco más de 2.000 habitantes en la actualidad, consiguieron documentar, desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX, 140 músicos y diversas escuelas o academias, cuatro bandas (la Banda Popular de Cerdedo, que completó un siglo de existencia; la Banda de Cavenca, dirigida por el mestre Ramón Lavandeira; la Banda de Francisco Cerdeira; y la creada por el hijo de Ramón, Xerardo Lavandeira), tres agrupaciones coincidentes en el primer cuarto del siglo XX (Cerdedo, Cavenca y Cerdeira y sus correspondientes academias) y 11 directores.

Es la síntesis del libro As bandas de música de Cerdedo, que acaba de ser editado por Os Abrentes en colaboración con el Concello de Cerdedo y en el que se mide la dimensión de una actividad que suponía un sobresueldo, valioso aunque inestable, para labradores, herreros, sastres o panaderos.

Campos destaca, casi sobre cualquier otro aspecto, la calidad de la formación de los músicos cerdedenses, que aprendían en las escuelas fundadas por las propias bandas, que se aseguraban así la cantera, y a las que muchos padres enviaban a sus hijos como entretenimiento. "Funcionaron como auténticos conservatorios populares, enseñaban solfeo e instrumentos con nociones profundas de música", detalla.

De modo que, no solo las bandas eran requeridas en muchos puntos de la comarca o de ayuntamientos ourensanos limítrofes, sino que músicos como Bernardino Cachafeiro, a finales del siglo XIX, o Manuel García, poco antes del comienzo de la Guerra Civil, fueron llamados a fundar bandas en otros municipios de la provincia, como Campo Lameiro o A Cañiza. Hubo algunos compositores, como Constantino Paz, músicos acreditados en el Cuerpo Nacional de Directores de Bandas, creado en 1932, como Francisco Cerdeira, y personas a quienes la música le siguió proporcionando un empleo en la emigración: hasta los años 70, uno de los trompetistas de la Banda Municipal de la ciudad venezolana de San Carlos fue Manuel Lavandeira, la tercera generación de una saga.

El éxodo masivo a América en la década de los 50 está entre los motivos de la desaparición de las bandas en un lugar en el que todavía hay gente mayor que se sitúa detrás de los músicos cuando hay concierto para verles las partituras. Campos considera determinante el cambio de gustos: "En los 50, la música de banda comenzó a perder adeptos, las orquestinas conectaban mejor con las nuevas demandas y fueron ganando espacio en las fiestas populares".

"Éramos tantos los músicos que podíamos dividir la banda para tocar en varias fiestas el mismo día", recuerda Pepe Iglesias, también músico de estirpe y clarinetista de la Banda de Cerdedo bajo la batuta de Xosé Benito García. Iglesias aún puede evocar el día en el que el director de la banda llegó de la cercana Vichocuntín tirando tan solo de las vacas. "Venía por el camino escribiendo una solfa en un papel y, con la concentración, se había dejado atrás el carro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de diciembre de 2010