Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Mucha Masía, poco Mini

El filial azulgrana, cuarto en Segunda, no llena su estadio a pesar de su juego vistoso

"Nosotros ponemos el fútbol, nuestra filosofía vistosa. Que la gente aproveche para venir a vernos". Así se vende Martí Riverola, mediocentro del Barça B, cuarto clasificado de la Segunda División, categoría a la que ha regresado en 2010 y en la que destaca por su cuidado del balón. Claro, su objetivo es jugar a imagen y semejanza del Barcelona, en el que algún día muchos de los jugadores de La Masía encontrarán su sitio. Como el martes, cuando cinco de ellos jugaron un partido de la Champions en el Camp Nou.

Sin embargo, ni el espectáculo ni los resultados (ayer empató a dos goles en su visita al Betis, el líder) son suficientes para llenar el Miniestadi. La media de espectadores es de unos 3.000. Poca cosa. "Sí, nos tienen abandonados", se lamenta Jonathan dos Santos. El último partido (frente al Valladolid) tuvo una asistencia de 2.300 aficionados. Ayer hubo 30.000 en el Benito Villamarín.

La entrada al Mini es gratuita para los socios, que, además, pueden adquirir hasta tres entradas por partido a solo cinco euros cada una. El público en general paga entre siete y 23 euros. Y el club ha preparado una campaña publicitaria con los futbolistas; el entrenador, Luis Enrique, y algunas de las estrellas que salieron del filial, para impulsar la asistencia. "Tener un Miniestadi con 10.000 espectadores debe ser un objetivo del club. Nos ayudaría a seguir creciendo", demanda el técnico. "Nos gustaría revivir lo de la fase de ascenso", señala Oriol Romeu. Cuando el equipo se jugaba el verano pasado subir a la Liga Adelante, la asistencia superó los 14.000 espectadores.

Andoni Zubizarreta, el director deportivo del club, cree que influyen muchos factores, pero "es fundamentalmente un problema sociológico: a la gente le gusta el fútbol de Primera y es difícil que llene un estadio para ver a un filial por muy bien que juegue al fútbol". "Es normal. Nos gustaría estar más arropados, pero no somos el primer equipo", se resigna el delantero Jonathan Soriano. "La gente no está habituada ni a venir al Mini ni a ver al filial en Segunda. Y, aunque estamos acostumbrados, nos afecta. No por nuestro juego, sino porque en otros estadios el ambiente es más decisivo en lo que atañe al arbitraje. Nos gustaría que, al menos, vinieran unas 6.000 o 7.000 personas", dice Víctor Vázquez.

Pese a la escasa afluencia, el filial solo ha perdido un partido en casa, ha empatado dos y ha ganado cinco. Quizá por eso Riverola aporta cierto optimismo: "A pesar de todo, esta temporada hay más gente que la pasada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de diciembre de 2010