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Reportaje:

Siglo y medio de cocidos porteños

El emblemático restaurante gallego El Imparcial de Buenos Aires cumple 150 años

La porteña Avenida de Mayo y sus calles adyacentes son desde hace décadas un ejemplo de que la influencia gallega en Argentina se deja sentir en todos los órdenes de la vida, también en la gastronomía. Aunque algunos han desaparecido y otros se han refundado, todavía hoy el visitante se ve sorprendido por la cantidad de restaurantes que aluden con su nombre o con su oferta gastronómica a la tradición de la tierra de origen de sus creadores. No hay ningún problema para degustar un buen pulpo á feira o un cocido similar al que se puede encontrar en Galicia a más de 10.000 kilómetros de distancia.

Pero el local con más historia es El Imparcial, un restaurante que celebra sus 150 años de vida y que sigue conservando las raíces gallegas de su creador, un pontevedrés que llegó al país austral como tantos otros buscando nuevas oportunidades.

Nació junto al Congreso y tomó el nombre de su neutralidad política

Un cartel rezaba: "Son prohibidas las discusiones de política y religión"

Se llamaba Manuel García y en 1860, apenas cuatro años después de arribar al país, compró un solar en la entonces llamada calle Victoria, cercana a la actual Plaza de Mayo, donde levantó una casa de comidas. En esos primeros años de andadura, El Imparcial se convirtió en un lugar que, como su nombre indica, no tomaba partido por ninguno de los diversos bandos políticos existentes en la cercana sede del Congreso Nacional. Esa sería una señal de identidad de la casa que se mantendría con el paso de las décadas.

Con la entrada en el siglo XX los hijos del creador de El Imparcial, Manuel y Severino, se vieron obligados a trasladar el restaurante por el crecimiento imparable de la ciudad, aunque este sigue ubicado en la céntrica calle Victoria. La clientela también cambió, ya que la zona tenía un carácter más comercial y la gastronomía se fue adaptando a los gustos locales, de ahí que la empanada gallega pasase a convertirse en las empanadas criollas que aún hoy son una especialidad muy popular en toda Argentina.

En 1933 Severino García llevó el restaurante a la sede donde hoy todavía funciona, en la calle Hipólito Yrigoyen. Durante la Guerra Civil española y las décadas posteriores, la cercana Avenida de Mayo se convirtió en un campo de batalla dialéctico entre los simpatizantes de Franco y los republicanos. Los primeros tenían su cuartel general en el bar Español, contiguo al Imparcial, mientras que los segundos se reunían en el Iberia, que todavía permanece abierto en la acera de enfrente. En El Imparcial un cartel dejaba bien clara la filosofía de sus propietarios: "Son prohibidos en este lugar los debates de mesa a mesa y las discusiones de política y religión".

Armando Amoedo, cuyo apellido descubre su origen gallego, es uno de los actuales propietarios. Está casado con la hija de Joaquín Barreiro, otro pontevedrés del pueblo de Morgadáns, quién refundó el restaurante a finales de los años sesenta después de que un derrumbe en el hotel del piso superior dejase casi destruido el inmueble. Barreiro había llegado a Argentina huyendo de la Guerra Civil en barco, de la misma forma que lo hizo el propio Manuel García pero con 80 años de diferencia. Tras su refundación, El Imparcial siguió siendo un punto de encuentro de políticos de todas las tendencias y también se convirtió en visita obligada para muchos artistas españoles y gallegos que van y siguen yendo a actuar al cercano Teatro Avenida, un escenario emblemático para la colectividad española en Buenos Aires.

Por las mesas de El Imparcial han pasado varios presidentes argentinos y, entre ellos, un cliente habitual era el también gallego Raúl Alfonsín, quien visitaba el restaurante cuando aún no era un político conocido y siguió haciéndolo mucho tiempo después de abandonar la presidencia. "Estuvo por aquí poco tiempo antes de morir y ya se veía que estaba muy enfermo. Siempre se comportó muy bien con nosotros e incluso nos recibió cuando era presidente. Recuerdo que ya en la época de la guerra de las Malvinas, él era muy escéptico frente a la euforia general", explica Amoedo.

El escritor Jorge Luis Borges, el cantante León Gieco o el actor Ricardo Darín han sido otros de los clientes ilustres de El Imparcial. Seguramente la mayoría se sentía atraído por un menú que contiene las especialidades clásicas españolas y gallegas. Amoedo explica, por ejemplo, que el pulpo llega directamente de España y que la paella se hace con todo tipo de productos del mar, "como le gustaba a Don Joaquín para recordar los sabores de su tierra". Pese a que han pasado 150 años, los propietarios de El Imparcial siguen siendo en buena parte gallegos, e incluso hay camareros nacidos en Galicia que cuentan mil anécdotas sobre los clientes de un restaurante que tiene un lugar de honor en la historia del país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de noviembre de 2010