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Análisis:BALONCESTO | ACB

San Emeterio, un héroe sin boato

Fernando San Emeterio es un jugador opaco; un líder en su época con la selección española júnior que, una vez en la máxima categoría, ha pasado de puntillas por la pasarela mediática. A punto de cumplir 27 años, apenas ha ocupado un par de veces el primer plano. Eslabón de una generación emparedada entre la de los júniors de oro, los del Mundial de Lisboa 1999, con Pau Gasol, Navarro, Raúl López, Calderón, Berni Rodríguez y compañía, y los del Europeo de Zaragoza 2004, con Sergio Rodríguez, Carlos Suárez, Sergio Llull o José Ángel Antelo, su carrera ha transcurrido mayormente en el bando de los jornaleros modestos.

Afiló su estilo en el Valladolid durante cinco años, dio síntomas de poder subir el escalón que le faltaba para codearse con los grandes de verdad en el Akasvayu Girona y ha explotado en el Caja Laboral. Fue decisivo en la final de la pasada Liga y el sábado volvió a ser el verdugo del Regal Barcelona, al que endosó 12 puntos en el último cuarto de todos los colores ante Grimau, Mickeal o quien le saliera al paso. Fue otra muestra de que estamos ante un jugador capaz de romper esquemas, los del rival o los del guión de su propio entrenador, Dusko Ivanovic, que apenas pudo ver el recital porque fue expulsado. El Barcelona, extrañamente, se hundió cuando dominaba por 12 puntos y arreciaba la lluvia de faltas técnicas sobre el Baskonia.

No se puede restar méritos a la labor de Ivanovic al frente de un equipo que le va como anillo al dedo. Pero es curioso que San Emeterio le haya sacado las castañas del fuego después de que lo descartara en el verano de 2009. Al menos, desde el club así se lo comunicaron entonces al jugador. Su destino parecía el Cajasol. El fichaje de Sergi Vidal por el Madrid modificó la planificación y San Emeterio acabó quedándose en Vitoria.

Extraña que algunos entrenadores españoles no acaben de aceptar este tipo de alardes. Incluso alguno, en aras del equilibrio y la armonía del equipo, le puso pegas a Kobe Bryant el día que endosó 81 puntos a Toronto en un partido en enero de 2006. Esa es una de las diferencias con la NBA, en la que Phil Jackson sabe gestionar los egos de las figuras y, al mismo tiempo, dar carrete a un jugador de banquillo como Matt Barnes cuando está en vena, como sucedió en la victoria de los Lakers sobre Minnesota con 24 puntos en 23 minutos de Barnes, sin un solo fallo en el tiro, además de siete rebotes, seis asistencias y dos robos del balón.

Un argumento de los entrenadores de la ACB es que aquí cada derrota es un drama. Si Pesic debutó en el Power Valencia con un triunfo sobre el CAI Zaragoza (83-72), la derrota ante Estudiantes (92-72) le costó el puesto a Óscar Quintana en el Alicante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de noviembre de 2010