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Apuntes

Objetivo: que el profesor genere negocio para su universidad

La forma de incentivar la transferencia de conocimiento genera fuerte división

Las universidades han alcanzado un buen nivel en producción científica, pero tienen mucho camino por recorrer en la transferencia de conocimiento. Apenas generan patentes, la investigación en modo de aplicación es secundaria y la contratación con el sector privado es baja, especialmente en un sistema como el valenciano, donde empresas y universidades se dedican, en general, a cosas muy diferentes. La cuestión es cómo cambiar una cultura que valora mucho más la publicación en revistas científicas que la relación con la economía real, última misión encomendada a las universidades para que participen en el cambio del modelo productivo.

Los expertos han llegado a la conclusión de que la respuesta está en los incentivos: repetir el modelo ensayado con éxito en el caso de la generación de conocimiento. En 1994 el Gobierno estableció un incentivo para aumentar la producción científica de calidad. Y los sexenios de investigación (llamados así porque la evaluación se efectúa por periodos de seis años) surtieron efecto. La actividad investigadora se disparó y España ha escalado hasta el noveno puesto mundial en producción científica.

El modelo a copiar es el que ha hecho de España la novena potencia científica

Las universidades no quieren límites sobre las actividades a premiar

Un profesor titular gana 1.456 euros más al año por tener un sexenio, 121 euros brutos al mes. Y el rector de la Politécnica de Valencia, Juan Juliá, está convencido de que el despegue investigador no se ha debido a esa retribución, sino a un efecto positivo de la vanidad universitaria: "Los sexenios de investigación funcionan más por el reconocimiento que suponen dentro de la universidad que por el dinero que llevan aparejado, que no es mucho. Ese mismo reconocimiento debería trasladarse a la transferencia de conocimiento".

La introducción del nuevo sexenio de transferencia lleva meses siendo negociada en el Consejo de Universidades y todo indica que la discusión se alargará: las arcas públicas no atraviesan su mejor momento y existe una fuerte división sobre qué debe considerarse transferencia de conocimiento y qué no.

En el caso del sexenio de investigación no hay dudas porque el criterio es objetivo. Un universitario debe reunir en seis años cinco aportaciones científicas entre las que figuren, al menos, tres artículos en revistas de impacto medio o alto. En el caso de la transferencia, a falta de un mecanismo tan claro, se enfrentan dos posturas. Una, la oficial, defiende limitar el tipo de acciones a incentivar, dejando fuera las "actividades de consultoría", abundantes en el campo de las ciencias sociales (Derecho y Economía) y en las ingenierías. La otra, por la que se inclinan los rectores en general y los valencianos en particular, apuesta, sin embargo, por tener la manga ancha para acelerar el cambio cultural. "Lo importante ahora es fomentar la conexión, no introducir limitaciones", afirma el rector de la Universitat de València, Esteban Morcillo. "Si desairamos nuestro potencial, nos arrepentiremos", añade el rector de la Politécnica.

Las universidades tienen un gran interés en que "se valorice" el conocimiento que existe en las facultades y destacan el beneficio que ello reportará a la sociedad. Y tienen también un interés particular: estimulando la relación de sus empleados con las empresas, las universidades ingresarán más dinero. La Politécnica calcula que los profesores se quedan de media con un 15% de los contratos que firman con empresas. El resto, una vez cubiertos los gastos, termina en la caja de la universidad, contribuyendo a diversificar sus fuentes de financiación.

"La discusión no es nada fácil", dice Jesús Rodríguez Marín, rector de la Universidad Miguel Hernández de Elche, "porque hay informes técnicos muy elaborados, como los que puede hacer un ingeniero o un doctor en Derecho, que deberían considerarse transferencia de conocimiento. Pero yo, por hablar de mi especialidad, puedo hacer un informe psicológico o establecer un tratamiento y no creo que eso deba computarse. Otra cosa sería que yo creara un test picológico que tuviera ventajas respecto a los que ya existen".

El rector de la Politécnica advierte que si la consultoría queda fuera del sexenio de transferencia, los profesores seguirán realizándola fuera de la facultad y la universidad continuará sin ver un euro. Y recomienda mirar al modelo imperante en EE UU, donde las grandes universidades no solo examinan el currículo de publicaciones de los aspirantes a profesor, sino también su cuenta de negocio: ¿cuánto dinero es usted capaz de generar para la universidad?

"La excelencia aleja del territorio"

El 46% del gasto en I+D en la Comunidad Valenciana lo realizan las universidades. El dato es bueno para ellas y malo para el territorio porque indica que el resto de actores (sobre todo las empresas) destina pocos fondos a Investigación y Desarrollo. La proporción valenciana es más alarmante si se compara con el de otras comunidades autónomas: en Madrid, el gasto de las universidades representa un 17% del total; en Navarra, el 21% y en Cataluña, el 23%. Y revela que, por su propia naturaleza, las universidades valencianas tienen muy difícil rentabilizar lo que se investiga en las universidades.

"El sistema productivo valenciano no puede aprovechar la ciencia que se hace aquí ni en ningún otro lugar del mundo", afirma Ignacio Fernández de Lucio, director de Ingenio, centro de la Politécnica y el CSIC. "La excelencia científica siempre aleja del territorio y más en lugares como la Comunidad Valenciana, donde el 90% de las empresas tienen menos de 10 trabajadores y pertenecen a sectores que no dependen de la ciencia". Su manera de innovar pasa, sobre todo, por la compra de tecnología y por la introducción de mejoras organizativas y comerciales.

De Lucio es partidario de que se introduzca un nuevo sexenio de transferencia de conocimiento y defiende tanto la ciencia básica como la aplicada que sean de calidad. Pero no cree que nada de ello vaya a mejorar a corto plazo la escasa productividad de las empresas valencianas.

"La ciencia no es condición suficiente para el desarrollo", asegura. "Es más importante que el territorio tenga capacidad de aprendizaje. Que las universidades formen bien y logren que sus estudiantes se coloquen en las empresas, que hoy tienen pocos titulados. Gente bien formada no solamente en contenidos, sino en actitudes, en resolución de problemas, que faciliten nuevas combinaciones productivas, es decir, la innovación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de noviembre de 2010

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