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Reportaje:

Los Gil, una familia a todo gas

Un libro rescata una saga de emprendedores vitales del XIX

"Tengo todo sobre la fábrica familiar de chocolate", le tienta uno; otra señora le asegura: "Tenía un abuelo de carácter...". El historiador Martín Rodrigo responde invariable: "Si no hay papeles es difícil hacer la historia". La escena tenía lugar ayer en el templo del empresariado catalán, la Llotja de Mar, sede de la Cámara de Comercio, y los peticionarios soñaban para los suyos con lo que ha hecho Rodrigo: un libro con la historia de la familia Gil, que entre otras nimiedades (donar una herencia con la que se hizo el hospital de Sant Pau; ceder el Turó de Monterols) puso la friolera de 25.000 duros de 1841 con los que se crearía dos años después la Sociedad Catalana para el Alumbrado por Gas de Barcelona, pionera en España y origen de la hoy Gas Natural Fenosa.

La del gas era una industria que había aparecido muy poco antes que la de la electricidad y el tren; ni tan siquiera se había constituido el primer banco industrial, el Banc de Barcelona, ni existían la ley de sociedades anónimas y las minas eran de la corona española. En ese contexto, recordaba ayer Pere Fàbregas, director general de la Fundació Gas Natural y promotor del libro La familia Gil. Empresarios Catalanes en la Europa del siglo XIX, (Lid Editorial) decidía Pedro Gil Babot (que inició su trayectoria desde su casa de comercio) financiar al francés Charles Lebon cuando se presentó al concurso para iluminar con gas Barcelona.

Más eficiencia, más estabilidad y una intensidad de luz mayor parecían ventajas imbatibles. Lebon tenía las cosas claras: a cambio de una exclusividad de 15 años, edificaba la fábrica y tendía la red y ponía a Barcelona en luminosa órbita moderna.

Lebon ganó la contrata y Gil Babot, iniciador de la saga, jugó fuerte: puso el dinero y hasta el terreno en una antigua vid de la familia en la Barceloneta, donde aún hoy está la sede del gas. Nacía la conocida como La Catalana.

Fábricas, teatros y cafés serían los primeros en comprar el invento, de pingües beneficios. Tanto que provocó una durísima batalla entre socios que llevó a parar en algún momento con los huesos de Lebon en la cárcel. "Eran tiempos de un capitalismo rudo, despiadado: iban a por todas con bastante riesgo; Gil Babot llevaba pistola", recuerda Rodrigo de un personaje contemporáneo del famoso indiano Xifré. Los cinco hijos que le acompañaron y siguieron (coetáneos de los Arnús y Girona) consolidaron una saga potente de una familia olvidada en la historiografía y que junto a otros aciertos (obtuvo el monopolio de venta de sal entre 1831 y 1837), también cosechó fracasos, como la empresa que quería hacer navegable el Ebro o una casa de Banca en París, que aun así duró medio siglo (de 1846 a 1896).

Paradigmáticos de familias vitales para la industrialización en Cataluña, el historiador pudo consultar la correspondencia familiar y todos los libros de cuentas entre 1812 y 1923, hoy en el Archivo Nacional de Cataluña. "Sabíamos por tradición oral que éramos una familia significativa, pero no muy bien por qué", reconocía ayer Leopoldo Gil Nebot, el decano de la extensa familia Gil. ¿Son hoy accionistas de Gas Natural Fenosa? "¡Qué va! Nada: pagamos como todos". Los tiempos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de noviembre de 2010