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Entrevista:EL JEFE DE TODO ESTO | Moshé Bendahán, rabino

"Ser judío en Madrid no es fácil"

El rabino de la sinagoga de Chamberí desde hace 25 años orienta a 1.000 familias

El rabino de Madrid chapurrea árabe. Moshé Bendahán nació hace 53 años en Tetuán, "cuando era protectorado español". Sus antepasados llegaron al norte de África hace cinco siglos, como tantos otros judíos sefarditas expulsados de España. Con la independencia de Marruecos en 1956 su familia volvió a emigrar (a Ceuta) como tantos otros de los 250.000 judíos que vivían en Marruecos. Luego, acabado el bachillerato, viajó a Jerusalén para entregarse a nueve años de estudios rabínicos y hace 25 aceptó hacerse cargo de la sinagoga de Chamberí.

Todos estos lugares resuenan en el acento del rabino que se ocupa de guiar a las mil familias adscritas a su templo, cercano al metro Iglesia. Un edificio de 1968 en el que no hay mucho movimiento. "Ahora, la mayoría de las familias viven en la zona norte, ya que las parejas jóvenes buscan casas con piscina y jardín", explica el rabino que da clase los domingos en el único colegio judío de Madrid, en La Moraleja.

Para realizar circuncisiones es necesario un curso teórico y práctico

"No nos sentimos amenazados, pero siempre hay que estar alerta"

La sinagoga está en obras y, rodeado de ruido, Bendahán saluda con un leve movimiento de cabeza. "Somos una comunidad pequeña en una ciudad grande, unas 4.000 personas, nada que ver con los 700.000 judíos de París o los 250.000 de Londres", dice. "Al ser pocos, a veces no es fácil ser judío en Madrid, pero el que quiere puede". "Por la calle un kipa sigue despertando extrañeza", explica tocado por la pequeña gorra litúrgica, pero sin los tirabuzones tradicionales.

Nieto y hermano de rabinos, Bendahán es un hombre serio. Opina que Woody Allen es "un genio que se define como ateo". La comunidad judía que dirige es ortodoxa (como las otras siete congregaciones de Madrid, donde solo hay una más cercana al reformismo). Los ortodoxos siguen "a rajatabla" los principios del Pentateuco y las leyes del Talmud. "No robarás es no robarás, no se puede flexibilizar para adaptarse a los tiempos", dice. "El hombre ha construido rascacielos y viaja en avión, pero interiormente no ha cambiado. Si lees la Biblia y una revista, compruebas que los problemas del ser humano siguen siendo los mismos", explica divulgativo Bendahán. Este año celebrará unos ocho matrimonios y una docena de bar y bat mitzvas (el rito iniciático, para niños y niñas), pero admite que lo que más le gusta de su trabajo es la docencia ("no en vano rabino en hebreo significa maestro").

Ser ortodoxo en una ciudad del siglo XXI con pocos judíos tiene sus trabas. Comer kosher, por ejemplo. "Hay varias tiendas que supervisamos y algunos centros de El Corte Inglés tienen un departamento que sigue las leyes de alimentación que marca el libro levítico...". Este rabino no ve que una comida de trabajo en un restaurante sea una excusa para romper la ley cuyo significado último es completar la creación de Dios y llegar a la perfección por el propio esfuerzo. "Ahora que hay tantos vegetarianos no es tan raro pedir platos especiales o sin ciertos ingredientes; es igual que respetar el sabat, hay que dar prioridad al cumplimiento".

Bendahán también circuncida a los bebés recién nacidos antes de que cumplan ocho días para devolverlos al "estado original de la creación". Vuelve a salirle el maestro: "Porque Adán fue creado circuncidado, pero cuando abandonó el paraíso sus hijos nacieron con prepucio". No todos los rabinos celebran circuncisiones, hay que estudiar un curso teórico y práctico, que incluye formación médica. La intervención se lleva a cabo en el hospital o en casa de los padres y "siempre con un médico presente". El propio rabino tiene cinco hijos. "Lo ideal es al menos tener un hijo y una hija para imitar el modelo de Dios que creó a Adán y a Eva", explica. "Cumplida esa obligación es positivo tener más y canalizar almas a este mundo, pero se permite la anticoncepción, siempre que no se derrame vanamente el semen". Es decir, la mujer se hace cargo.

Por la sinagoga hay carteles en los que aparece un rostro con gafas oscuras y bigote y un mensaje a los fieles para que avisen "a los voluntarios de protección comunitaria" si ven algo raro. ¿Se sienten amenazados? "No, pero siempre hay que estar alerta... A los pocos años de inaugurar el edificio nos pusieron una bomba que afortunadamente estalló antes de tiempo y solo ocasionó daños materiales, en el informe policial se sospechó de la Organización para la Liberación de Palestina, pero nunca se aclaró".

Bendahán afirma que su relación tanto con los líderes musulmanes como católicos es "cordial y tolerante": "Participamos en muchos actos conjuntos; desde la ley de libertad religiosa de 1992 hay una buena convivencia". De la expulsión de los judíos de España en 1492 queda "la memoria histórica de lo que ocurrió": "Digamos que ya ha pasado un tiempo, los dirigentes y las leyes han cambiado, hoy la realidad es diferente y se lleva de otra forma".

La periodista extiende la mano en forma de despedida preguntando si ello supone un problema (en principio los ortodoxos no tocan a miembros del sexo opuesto que no son familia). "No demasiado grave", contesta el rabino mientras se aleja amablemente con las manos en los bolsillos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de noviembre de 2010