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Crónica:TENIS | Masters de París

El lamento de Federer

El suizo sufre en el torneo francés su cuarta derrota del curso tras tener puntos de partido a su favor, lo que no le ocurría desde 2006 - Soderling bate a Monfils en la final

Por una vez, los focos no fueron para el campeón. Robin Soderling ganó ayer el Masters de París (superó por 6-1 y 7-6 al francés Gael Monfils) y se aupó al número cuatro del mundo, desplazando al británico Andy Murray. Pudo ser un resultado más, pero fue, en realidad, un resultado menos: en la víspera, el suizo Roger Federer, campeón de campeones, desaprovechó cinco puntos de partido contra Le Monf en las semifinales y dejó la ciudad ahogado en un mar de dudas. El domingo arranca la Copa de Maestros, que reúne a los ocho mejores tenistas del año en Londres, y él se presenta a la cita con 29 años, dos hijas que le despiertan en los hoteles por la noche y una duda: ¿ha perdido el instinto asesino?

"Esto duele. Es duro. No recuerdo si él jugó bien o si yo jugué mal", dice el número dos

Este año perdió todos los 'tie breaks' a los que se enfrentó en el último set del partido

"Esto duele. Es duro. Lo lamento, me arrepiento", confesó Federer. "En esos puntos ni siquiera recuerdo si él [Monfils] jugó bien o si yo jugué mal. Quizás, en algunos de rotura, en uno o en dos, pude haber jugado mejor", cerró el ganador de 16 torneos del Grand Slam, enfrentado en 2010 a sensaciones desconocidas.

En cuatro partidos de este año, el número dos perdió tras disfrutar de al menos un punto de partido a su favor, lo que no le había ocurrido desde 2006: desaprovechó tres contra el chipriota Marcos Baghdatis, uno contra el checo Tomas Berdych, dos contra el serbio Novak Djokovic y cinco contra Monfils. De cuatro partidos decididos con la muerte súbita como última opción, perdió los cuatro. Cedió ante el australiano Lleyton Hewitt la final de Halle cuando tenía tres puntos de break que le dejarían sacando por el título. Y en sus últimos cinco encuentros contra uno de los 10 mejores, sumó 15 de 32 bolas de rotura y una sola derrota. Con frecuencia, sin embargo, eligió mal. Generalmente, tras momentos brillantes de juego y salvo las heroicas decisiones de Djokovic, que tomó la iniciativa -"cerré los ojos y di dos derechas", dijo sobre los dos puntos de partido salvados en las semifinales del Abierto de Estados Unidos-, fue él quien perdió el punto, en ocasiones protegiéndose el revés con la derecha.

¿Cómo hay que jugar un punto de partido a favor? ¿Cómo medir las pulsaciones correctas, el grado justo de pasión, esa aristotélica virtud del equilibrio en el medio, huida de los extremos, que, dicen los manuales, obliga al jugador a no pasarse de agresivo ni a llegar a ser tan conservador como para que le dominen?

"Mire", contestaba Federer en rueda de prensa tras ser eliminado en Nueva York; "si no estás sacando en ese punto, juegas buscando seguridades, no regalar un error, porque nunca sabes cuándo vas a tener otro punto de partido. Si tú eres el que saca, juegas agresivo. Es duro. No sé qué más decir. Perder cuando has tenido un punto de partido no es muy divertido, eso es seguro".

Federer es siempre favorito. También en Londres. Debutante en el circuito, se ganó sus primeras habichuelas bajo techo -"siempre me gustó esa gira, con torneos a una hora de vuelo y pistas en las que logré mis primeros éxitos"-. En la recta final de su carrera, posibles aún los máximos triunfos, ha encontrado refugio en el mismo lugar: ganó los torneos de Estocolmo y Basilea. Llegó a las semifinales en París. Y ahora, quizás con más urgencias que en muchos años, quizás sintiendo la necesidad de un gran resultado que le reafirme como tenista de presente, tras el título del Abierto de Australia de 2010, llega a Londres con la duda de si, de repente, le cuesta cerrar los partidos.

Queda el triunfo de Soderling, que es un aviso. Dicen en la caseta que la pista de la Copa de Maestros, con su vertiginoso piso y su picado rápido; con su techo que protege a los sacadores del viento y el sol, y con su firme insensible, que tan pocos efectos coge, está hecha a medida del sueco. "Me siento capaz de ganar a los mejores", avisó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de noviembre de 2010