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Dilemas de crecimiento y monetarios

En los últimos meses, las señales de fortaleza de la economía alemana se han intensificado. Indicadores como la confianza empresarial, la actividad industrial y el mercado laboral avalan un escenario de consolidación de esta economía que ha llevado recientemente al Gobierno a revisar sus previsiones de crecimiento (3,4% en 2010 y 1,8% en 2011). Un mercado laboral que ya ha recuperado todo el empleo destruido con la crisis financiera, con una tasa de paro que se ha establecido en el 7,5%, nivel mínimo desde 1992.

La situación de Alemania contrasta con la debilidad del resto de las economías del área euro, en las que el todavía débil crecimiento no ha tenido implicaciones positivas sobre el empleo. También contrasta con la situación de Estados Unidos. En este caso, las señales de pérdida de pulso están siendo evidentes. La recaída del empleo y del mercado inmobiliario son factores que han llevado a la Reserva Federal a plantear la posibilidad de ampliar la intensidad de su estímulo monetario por la vía de adquisición de activos (quantitative easing), lo único que se puede hacer cuando los tipos están ya al 0%.

El BCE debe gestionar tanto la fortaleza alemana como la debilidad del resto de la eurozona

La próxima semana tendremos novedades a este respecto. Como antesala al comité de política monetaria de la Reserva Federal (FOMC, por sus siglas en inglés), el Banco de Japón (BoJ) ha sido el primer banco central en anunciar la ampliación del estímulo monetario. Comprará bonos corporativos y públicos por un total de 44.000 millones de euros, y concederá liquidez por 265.000 millones de euros en sus operaciones de financiación a un tipo de interés fijo. El anuncio del BoJ se enmarca en un contexto en el que continúan las especulaciones acerca de la "cantidad" que va a anunciar la Fed la próxima semana, donde, por el momento, el consenso del mercado baraja cifras entre los 200.000 millones y el billón de dólares, nada menos. La próxima semana también habrá Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra (BoE) y Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). Las actas de la última reunión del BoE ya dejaban abierta la posibilidad de una segunda ronda de medidas monetarias no convencionales, por lo que podemos esperar novedades en este sentido, sobre todo porque desde entonces la situación de la economía ha ido a peor (debilidad del consumo y recaída de los precios inmobiliarios).

Por su parte, el Banco Central Europeo se enfrenta a una situación complicada. La fortaleza de la economía alemana contrasta con la debilidad del resto de economías de la zona y de bloques de referencia. Una situación que la autoridad monetaria deberá gestionar de forma adecuada por las implicaciones que tendría sobre las variables financieras (tipos de interés y de cambio) y su potencial impacto sobre la actividad real, un endurecimiento prematuro del discurso en clave de política monetaria que dejase entrever intenciones de subidas de los tipos de interés o de retirada de las facilidades de liquidez. El dilema del BCE es doble: frente a los otros bancos centrales y en el seno de una zona del euro a varias velocidades de crecimiento.

José Antonio Herce y Álvaro Lissón Aguiar son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 31 de octubre de 2010.

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