Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

El olivo de Vigo ronda los 193 años

Caballero estrena una máquina para datar la antigüedad de los árboles gallegos

El olivo de Vigo, símbolo de la ciudad, estrenó ayer el cinturón más caro del mundo, un elástico con doce sensores conectados a un ordenador, capaz de hacer un diagnóstico certero de la salud de los árboles y calcular de forma bastante exacta su edad. El aparato, de nombre Picus, fabricado por la multinacional Argus Electronic, costó cerca de 22.000 euros y fue importado de Alemania por la empresa Cespa, concesionaria de la jardinería en ciudades como Vigo, A Coruña y Santiago, para poder realizar un empeño de la plantilla en Galicia: demostrar que en la comunidad crecen los más valiosos árboles de España.

Delante del alcalde, Abel Caballero, que ayer dedicó la mañana a un par de esos actos vistosos que tanto gusta de protagonizar (la datación del árbol y la presentación del billete de lotería conmemorativo del bicentenario de Vigo como ciudad con título), los técnicos vistieron el olivo del Paseo de Alfonso XII para inaugurar la máquina. Insertaron a determinada altura del tronco doce puntas metálicas de unos dos centímetros de largo, y encima de estas puntas con cabeza magnética colocaron la cinta elástica con los sensores encargados de recoger los datos.

"Nos va a durar 200 años más por lo menos", aventura el alcalde vigués

Su edad coincide con la de la ciudad y corrobora la historia que se le imaginaba

El Picus, un invento de hace tiempo que a Vigo llega en su "última evolución", realiza tomografías sónicas, algo así como ecografías o escaneados del interior del árbol. El aparato traduce a imágenes en color los diferentes ruidos que produce el golpe de un martillo especial al atravesar la onda sonora el interior del tronco. Los sucesivos golpes se van dando sobre las cabezas magnéticas, y el sensor diametralmente opuesto recoge el sonido y lo envía a un ordenador portátil. Uniendo todas las informaciones recibidas, el programa es capaz de dibujar la sección del árbol, de contar los anillos, que aproximadamente reflejan la antigüedad del ejemplar, y hasta de medir la humedad. Los colores del gráfico señalan el estado de salud de cada zona. Donde aparece pintado de marrón oscuro, el tronco está pletórico, y a medida que se va aclarando, comienzan los achaques. El verde indica que ni fu ni fa; el rojo o rosa oscuro es señal de alarma y el azul indica que el tronco, por esa parte, está hueco.

Cuando los expertos terminaron la prueba, el alcalde socialista transmitió a la prensa los descubrimientos: El árbol más famoso de la ciudad, tal y como indican sus anillos, tiene aproximadamente 193 años, aunque hay que tener en cuenta que existe un margen de error porque el desarrollo del tronco depende del ambiente. Su estado de salud, además, es "correcto para esa edad", aunque "ha desarrollado cierta podredumbre en medio" que no preocupa porque "es habitual" en los ejemplares centenarios de esta especie.

La edad del árbol viene a confirmar, según Caballero, la historia que se le suponía: que es un hijo de aquel otro olivo que había en el patio de la primitiva colegiata de Santa María, que voló por los aires, junto con el templo, "cuando explotó, por esas fechas, un polvorín cercano". El esqueje, defienden algunos historiadores, prosperó primero en la finca de Mora, la enorme parcela, propiedad de un poderoso matrimonio, que ocupaba buena parte de lo que ahora es el centro más cotizado de la ciudad. Y cuando ya estaba algo medrado se trasplantó al lugar que ahora ocupa, en el Paseo de Alfonso. El árbol tiene más o menos la misma antigüedad que el título de la ciudad, un dato que viene que ni pintado para festejar el bicentenario, y si no le sobreviene una desgracia en forma de plaga bíblica, meteorito o camión desbocado, podrá estar presente cuando se celebre el 400º aniversario. "El olivo nos va a durar 200 años más por lo menos", afirmó el alcalde satisfecho, antes de pasar a hablar del billete de lotería y de criticar los presupuestos de la Xunta.

"Eso está claro", confirmaba luego Juan Ramón Alonso, encargado de Cespa en Vigo. "La longevidad de esta especie es tremenda, aunque puede que en Vigo, un medio urbano y atlántico, dure menos que si el árbol estuviese plantado en la costa mediterránea".

Después, si se cumplen las aspiraciones de los técnicos de Cespa, el Picus irá estrechando la cintura de todos los árboles ilustres, los reconocidos por la Xunta como Árbores Senlleiras y aquellos, muchos más, que permanecen ignorados por la Administración, para que también se cataloguen. En Vigo, para empezar, el cinturón vestirá el tulipero, las hayas, los eucaliptos y el camelio Matusalén de Castrelos, la casuarina de la Alameda y ejemplares gloriosos de O Castro y A Guía hasta ahora olvidados. "Nuestro patrimonio es brutal", defiende Alonso, ingeniero agrícola y apasionado de los árboles. "Puede que Portugal, por su influencia británica, nos gane pero, en monumentalidad y riqueza arbórea, en Galicia, por clima y por peculiaridades como la existencia de pazos y casas indianas, nos cepillamos al resto de España".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de octubre de 2010