Crítica:The Swell Season | MÚSICACrítica
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Canciones para el dolor y la redención

Han transcurrido cuatro años desde que el dúo hoy convertido en The Swell Season adquiriera notoriedad con la película Once, pero Glen Hansard no ha cambiado de guitarra. Anoche, en un Teatro Calderón abarrotado y rendido, insistió en colgarse ese mismo ejemplar cochambroso -la caja de resonancia luce un agujero como un puño- con el que aquel largometraje le retrataba ganándose unas perras en Grafton Street, la calle más bohemia de Dublín.

Una intuición. Ese instrumento que, incluso herido y supurante, sigue prestando sus servicios cada noche se ha convertido en metáfora para el ahora sexteto. Porque los protagonistas de muchas de sus canciones también sufren, penan y se desangran, pero han comprendido que del dolor a la redención apenas dista, en ocasiones, un solo paso.

Para Glen Hansard la pena "es la principal fuente de la creatividad"

A Hansard y su principal aliada, la cantante y pianista checa Markéta Irglová, les han sucedido cosas muy relevantes. La que más les incumbe: eran pareja sentimental y ahora ya no. La más inconcebible: un par de meses atrás, un espectador se les suicidó en Saratoga lanzándose al escenario desde gran altura. Pero anoche certificamos que los Swell Season siempre tendrán un hueco en esta ciudad a la que, definitivamente, han enamorado.

Desde el arranque mismo de Feeling the pull queda claro que Glen Hansard, el pelirrojo de las sempiternas camisas de cuadros, es un vocalista majestuoso que asume la herencia y compromiso con las raíces de Van Morrison, su paisano más ilustre. Se expresa con un estilo desconsolado y furibundo, y es capaz de aullar mejor aún que Mike Scott, el jefe de los Waterboys. Pero no más lejos del segundo tema, In these arms ("Tal vez haya nacido para albergarte entre estos brazos"), se encarga de recordarnos que también maneja el arte del falsete. Y con un voltaje emocional elevadísimo.

Los primeros minutos resultaron abrumadores. Low rising es tan vanmorrisoniana como sus antecesoras, y poco después, por si quedaban dudas, hubo hueco para una colosal versión de Into the mystic. Hansard lloriquea en Lies como un chiquillo desvalido e Irglová demuestra con If you want me que la tristeza también puede plasmarse con un sutil hilo de voz. Su ex novio explicaría más tarde, antes de dedicarle Back broke a la memoria de Lorca, que la pena "es la principal fuente de la creatividad".

Hay mucha aflicción en este repertorio esplendoroso. Pero también, casi siempre, una tenue luz esperanzada. Por eso emociona tanto Falling slowly, la canción que dignificó hace un par de años las categorías musicales de los Oscar, cuando Hansard solloza: "Ya has sufrido bastante, en guerra contigo mismo. Es hora de que ganes". Es entonces cuando el bálsamo redentor, y las lágrimas, ganan la partida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 19 de octubre de 2010.

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