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Los dos 'ertzainas' del 'caso Telleria' rellenaron 425 fichas de espiados

Los informes policiales desvelaban si los investigados tenían causas judiciales

Los ertzainas Carlos Lau y Jesús Acha cumplimentaron hasta un total de 425 fichas con datos personales relativos a otros tantos representantes de la vida política, económica y social de Vitoria, principalmente, que fueron depositando en el ordenador personal del entonces dirigente del PNV alavés Aitor Tellería. Este dato sobre el volumen de los expedientes recopilados en el denominado caso Tellería fue facilitado a EL PAÍS esta misma semana por dos de las personas espiadas. Estos dos hombres de negocios tuvieron acceso a varios pormenores de la investigación en curso durante su declaración, hace ya varios meses, ante el Juzgado de Instrucción número 4 de Vitoria, encargado de este proceso, que sigue bajo secreto de sumario.

Lau y Acha ponían en las fichas las iniciales de quienes les informaban

Las reuniones y los almuerzos eran detallados con notable precisión

Estos dos empresarios, residentes en Vitoria, fueron informados de los datos que Lau y Acha habían incluido en su correspondiente informe. Tras comprobarse su identificación, el fiscal jefe de la Audiencia de Álava les formuló varias preguntas relativas a los datos contenidos en las fichas y que reflejaban asistencia a reuniones, varios almuerzos con un detalle pormenorizado de los comensales -incluso cuando se trataba de un número amplio en alguna sidrería- y apreciaciones sobre sus vinculaciones políticas y relaciones de amistad. Durante este interrogatorio, las dos personas espiadas obtuvieron el dato sobre el volumen de las fichas detectadas en el ordenador del que Tellería disponía en su despacho de director de la empresa pública CEIA (Centro de Empresas e Innovación de Álava). Con todo, no pasaron desapercibido para ambos empresarios algunos detalles que se sucedían en varios de los informes redactados por esta supuesta red de espionaje. Los dos ertzainas mantenían la fiel costumbre de indicar en el extremo superior de cada ficha una referencia sobre la identidad de los informantes que habían aportado datos sobre la persona espiada.

En el caso de los dos empresarios que han hablado para este periódico, uno de ellos detectó inmediatamente, delante del fiscal, las iniciales del supuesto informante sobre sus movimientos y que aparecían en la careta de su ficha, ya que coincidían con las de una persona, también residente en Vitoria, con quien había mantenido discrepancias. La identidad del supuesto informante no fue desvelada en sede judicial, pero obra en poder de este diario. Aitor Tellería conocía en todo momento la relación de personas que ayudaban voluntariamente a los dos ertzainas, ahora imputados, a redactar las fichas de los espiados. En la mayoría de los casos, la información recopilada ni siquiera era contrastada, ya que los ertzainas aceptaban como buenos los comentarios procedentes de su red de amistades más próximas, a quienes se dirigían para conocer "cualquier detalle" sobre sus relaciones personales y políticas. Sin embargo, la principal sorpresa para uno de los dos empresarios que han hablado para EL PAÍS fue cuando comprobó que en su ficha aparecían unas líneas para comentar un caso judicial al que tuvo que hacer frente en el desempeño de su actividad profesional y que había sido librado sin trascendencia mediática, eso sí en un juzgado de la capital alavesa hace ya algunos años.

Y es que, al parecer, las conexiones de que disponían los supuestos integrantes de esta red de espionaje también alcanzaban a instancias judiciales. De hecho, varias fichas confiscadas en el caso Tellería contienen referencias expresas sobre casos judiciales pasados o en curso que afectan a algunos de los centenares de espiados. La procedencia de esta información sobre la relación de los espiados con la Justicia podría ser otro de los elementos sustantivos sobre los que se está deteniendo la investigación. La inclusión de aspectos tan delicados no intimidó a los dos ertzainas al cumplimentar las fichas. Según ha reconocido uno de los empresarios espiados, los autores de los informes incorporaban en la documentación que pasaban los denominados NIG/IZO que hacían referencia a los casos del juzgado. Al encontrarse el caso Tellería bajo secreto de sumario, ha sido imposible ratificar algunas de estas apreciaciones emitidas por dos de los propios espiados, ya que no se ha podido obtener información alguna en sede judicial.

Este diario, a su vez, no se ha dirigido a los abogados de los tres imputados en el supuesto espionaje para así mantener su conocida voluntad de respetar el secreto sumarial, según expresaron en el Juzgado de Instrucción número 2 de Vitoria. Y es que la decisión de la juez Ana Zulueta de imputar, primero, a ocho periodistas, para luego citarlos sólo como testigos, por haber revelado datos relativos al caso Tellería, que sigue bajo secreto de sumario, ha cortocircuitado todo intento de los medios informativos por conocer aspectos propios de la investigación. De hecho, entre los propios medios de comunicación toma cuerpo la idea de que las defensas de los tres imputados por su supuesta implicación en una red de espionaje han conseguido con sus demandas a periodistas el propósito de silenciar ahora la hemorragia inicial de datos que se sucedieron al estallar este escándalo, que afecta directamente al PNV. Precisamente, los ocho periodistas que declararon sobre la procedencia de sus informaciones están a la espera de la resolución de la juez Zulueta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de octubre de 2010