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CARTAS AL DIRECTOR

Islamofobia y racismo

Vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana

Como musulmana europea veo con gran inquietud cómo una epidemia de difícil curación asuela Europa: el odio, el radicalismo y la sinrazón están haciendo mella en nuestras sociedades. En las elecciones de 2002, Jean-Marie Le Pen dio un primer aviso de que el neofascismo iba en serio. Umberto Bossi también se ha hecho famoso por sus ataques contra los inmigrantes y ahora Geert Wilders participa en las negociaciones del Ejecutivo holandés mostrando una islamofobia exultante.

Como en España no podíamos ser menos, hemos decidido emular a nuestros vecinos europeos, así que ya tenemos a nuestros Le Pen-Bossi-Wilders nacionales: Anglada e imitadores como Enrique de Diego. A estos políticos de poca altura les une su odio al extranjero, su falta de programa político, los discursos populistas y un oportunismo político calculado. El ciudadano de confesión musulmana se ha convertido en el nuevo chivo expiatorio ante el creciente descontento de la población en una situación de crisis.

Las respuestas de las instituciones europeas y nacionales frente a la incitación al odio racial y a la islamofobia son descaradamente insuficientes, tímidas e incoherentes. ¿Cómo podemos vanagloriarnos de ser los defensores de la democracia, de los derechos humanos, sin sentir una profunda vergüenza por lo que está pasando? ¿Cómo podemos afirmar que debemos invadir a otros países para exportar nuestras supuestas bondades si aquí votamos a nuestros propios talibanes antiislámicos? ¿Nos vamos a quedar de brazos cruzados hasta que llegue una nueva noche de los cristales rotos?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de octubre de 2010