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Reportaje:EUROCOPA 2012 | Fase clasificatoria

El león volador

De los 18 remates que lleva Llorente con España, 14 han sido de cabeza

La primera vez que Fernando Llorente voló para rematar un balón a la red vistiendo la camiseta roja de la selección española fue en Sevilla, atacando la portería del fondo sur del Sánchez Pizjuán, en un partido contra Inglaterra. El león se zampó entonces a la grulla. Peter Crouch, un delantero largo de brazos y piernas como un día sin pan, agarraba al delantero riojano, inmensos los brazos sobre la frontal. Ganaba España por 1-0, en el minuto 82, y Xavi sacó la falta, con rosca, buscando la carrera de Fernando Llorente, que un segundo después estaba solo, volando en el área, para clavar un testarazo seco, demoledor, a la esquina contraria de la portería defendida por James. Un golazo. Aquel era su segundo partido, después del debut en Vila-real ante Chile (3-0), el 19 de noviembre de 2008; ahora ya ha jugado 11, es campeón del mundo, torneo en el que dejó su impronta con una revulsiva actuación en octavos contra Portugal, y ya lleva seis goles, cuatro de cabeza, los dos últimos en El Helmántico, el viernes, decisivos para doblegar a Lituania (3-1). De los 18 remates que lleva, 14 han sido de cabeza. En el empeño ante Lituania, uno de los dos centrales le arreó un puñetazo que le partió el labio. Quien algo quiere, algo le cuesta.

"Tiene facilidad innata para encontrar el espacio e imponer su físico", dice Iniesta

El delantero del Athletic lleva seis goles en once partidos con la selección

Llorente siempre fue valiente. Bien lo sabía José María Amorrortu, ex técnico y jugador del Athletic cuando le fue a buscar a su pueblo riojano, Rincón de Soto, porque en Lezama no se ficha, se recoge a los niños y se les cambia de casa. Será por eso que aquel niño de 12 años prefirió irse a Bilbao. Y pudo escoger: la misma tarde en la que el hoy responsable de la cantera del Atlético de Madrid habló con Chus, el hermano mayor de Fernando, se cruzó en la puerta de la casa de los Llorente con un vecino del pueblo que llegaba con una oferta del Espanyol. Su hermano lo tenía casi hecho con Osasuna, pero al final insistió en fichar por el Athletic y a Bilbao se fue. Tenía 11 años: a los 19, Ernesto Valverde le hizo debutar en Primera División, el 16 de enero de 2005, contra el Espanyol.

El Txingurri apostó por aquel gigante con la osadía que le ha caracterizado siempre. Entonces, aún era un jugador tácticamente frágil y un poco inconstante, pero ya atacaba todo lo que volaba sobre el área. "Tiene una facilidad innata para encontrar el espacio, imponer su físico y tocar la pelota", asegura Iniesta. "Siempre las toca". Tiene un físico privilegiado, mide 1'93 metros, pesa 91 kilos, es elástico, potente y ágil. Piqué añade más razones a esa facilidad. "Utiliza muy bien el cuerpo, en carrera es muy potente, es rápido... Es un delantero impresionante", admite el central, que sabe de qué habla: "Yo lo sufro muy a menudo, así que si te digo que es muy bueno...", insiste el catalán. Llorente le dedicó los dos goles del viernes a sus padres, presentes en El Helmántico, orgullosos los dos de su hijo y emocionados todavía por el toro que el torero López Chaves les había dedicado horas antes en su finca de Ledesma, donde comieron.

Balón de Plata en el Mundial sub 20 de Holanda -le ganó Leo Messi-, Llorente está aprovechando la oportunidad que le brinda Vicente Del Bosque, especialmente satisfecho con el trabajo del delantero de referencia, más allá de los goles. "El delantero centro normalmente destaca si marca, pero él ha hecho un trabajo generoso porque ha fijazo a los centrales y, como el rival no dejaba opciones por dentro, fuimos ortodoxos y buscamos los centros. No hay nada mejor que un buen centro para un buen remate", terció el seleccionador español. Y si quien busca el centro es Llorente, a ver quién le para.

Llorente, que acaba contrato el 2013, lleva disputados 172 partidos de Liga, en los que ha macado 49 goles. También es campeón del mundo. El Athletic ha de decidir si le convierte en su buque insignia o invierte lo que saque por su venta para cuidar más cachorros, esperando que crezcan y vuelen. Los clubes más grandes de Europa esperan su decisión para saber dónde buscará el remate los próximos años. Peter Crouch todavía no sabe cuándo le perdió la pista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010