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La esquina mítica de Manhattan

"Me encontré boquiabierto, admirando un rascacielos, la proa del edificio Flatiron abriéndose paso como un arado entre el tráfico de Broadway y la Quinta Avenida", escribía en 1906 H. G. Wells, que afirmaba haber sentido el poder de Nueva York contemplando el Flatiron al atardecer.

El edificio Fuller, bautizado como Flatiron (Flat-Iron) por su parecido con las planchas de la época, fue concluido en 1902 sobre un proyecto de Daniel Burnham, arquitecto de la Escuela de Chicago. Y pese a su modesta altura (22 pisos y 87 metros), superada ampliamente por otros rascacielos neoyorquinos, sigue atrapando todas las miradas. "Lo que el Partenón fue para Atenas, lo es el Flatiron para Nueva York", aseguraba el fotógrafo Alfred Stieglitz, que congeló su elegante silueta en el Nueva York nevado de 1903. Acuñado entre Broadway y la Quinta Avenida, su planta en forma de cartabón rompe la rigurosa traza ortogonal de Nueva York. En la película Me enamoré de una bruja, de Richard Quine, Kim Novak besaba a James Stewart en su azotea, y los días de viento, su forma aerodinámica provoca ráfagas que alborotan los vestidos.

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El edificio Fuller, bautizado como Flatiron, en Nueva York
El edificio Fuller, bautizado como Flatiron, en Nueva YorkTONY SHI

Sobre la firma

Isidoro Merino

Redactor del diario EL PAÍS especializado en viajes y turismo. Ha desarrollado casi toda su carrera en el suplemento El Viajero. Antes colaboró como fotógrafo y redactor en Tentaciones, Diario 16, Cambio 16 y diversas revistas de viaje. Autor del libro Mil maneras estúpidas de morir por culpa de un animal (Planeta) y del blog El viajero astuto.

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