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Análisis:

Culpable o inocente

La tele siempre fabrica, en algún momento, cuando menos se lo espera, una máquina de la verdad. Ya tuvimos aquella que fabricó el malogrado Julián Lago. "No me responda ahora, responda después de la publicidad". No era una ocurrencia de Lago: era una teoría del marketing, que sigue presente en todas las cadenas, incluso en aquellas que no tienen publicidad.

Este viernes, de noche cerrada en las teles, vi a Jorge Javier en Telecinco hacer lo mismo que hacía Julián Lago, pero esta vez con muuuuuucha publicidad por delante. Entrevistaba a una señora que atacaba a Espartaco Santoni. Es curioso como las teles resucitan personajes, con qué facilidad los ponen de nuevo en la mesa de operaciones, y les dan tanta intensidad a su biografía que terminan almacenando récords de audiencia en torno a lo que ya parece que no se puede exprimir más. Bueno, pues lo exprimen..., en nombre de la verdad, o de la ética.

No hay límite para ese jugo; en su célebre match con Andreína Flores, la periodista que lo puso nervioso, el venezolano Hugo Chávez pidió tiempo para responder. No podía decir "le respondo después de la publicidad", y para hacer tiempo habló de ÉTICA, palabra que dijo en mayúsculas. En estos programas del corazón nocturno también dicen ÉTICA con mayúsculas, pero, como en el caso de Chávez, para significar lo contrario.

En el caso de la mujer que hablaba de Santoni, cuando los ojos se fijaron en la respuesta que requería el presentador, y la mujer parecía que iba a decir LA VERDAD, esa cosa grande y difusa de la que desconfiaba Machado, Jorge Javier espetó: "Respóndame después de la publicidad". El otro día, cuando el asunto Contador parecía sólo tratar de solomillos (ahora ya hay plástico incluido, es decir, transfusión), Jesús Álvarez le interrumpió al ciclista su ensoñación inocente y le preguntó desde el estudio del telediario de Ana Blanco, en La Uno: "¿Culpable o inocente?". No pudo decirle: "Después de la publicidad", porque la tele estatal sólo tiene publicidad en la Champions. Así que no había MasterCard ni nada, y Contador tuvo que dar la respuesta a bote pronto. ¿Y qué iba a decir? Algo así como que él no come carne. Envenenado asunto este del ciclismo, una serpiente multicolor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de octubre de 2010