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EL CÓRNER INGLÉS

Mourinho une a España más que el jamón

- "Mourinho no entrena un club normal... Entrena un circo".

Alex Ferguson

Entremos un momento en un mundo de fantasía e imaginémonos que el Liverpool, con un nuevo entrenador y un equipo parcialmente renovado, ha arrancado la Liga con tres victorias y dos empates y en la Champions ha ganado sus primeros dos partidos, en un grupo complicado, sin conceder un gol. Por otro lado, el Chelsea, equipo campeón y rodado, ha perdido en casa contra un recién ascendido y, aunque lleva un punto de ventaja en la Liga sobre el Liverpool, solo ha conseguido cuatro de seis, pese a tener un grupo relativamente fácil, en la máxima competición europea.

Lógicamente, ante semejante comienzo, la afición del Liverpool estaría encantada y la prensa elogiaría los aciertos del nuevo entrenador. ¿El Chelsea? Bien. Satisfechos, encarrilados, pero nada para lanzar cohetes todavía.

Sustituyamos ahora el nombre del Liverpool por del Madrid y el del Chelsea por el del Barcelona. Veremos que estos escenarios, imaginarios en Inglaterra, se corresponden con la situación actual de los dos grandes de la Liga española. La diferencia está en cómo el público y la prensa habría respondido allá y ha respondido aquí.

Si Roy Hodgson, el nuevo entrenador del Liverpool, hubiera empezado la mitad de bien que José Mourinho en el Madrid, estarían felices en Anfield. Pero Spain is different. No importa que el Madrid prácticamente se haya clasificado para la segunda fase de la Copa de Europa tras ganar a un equipo francés fuera de casa: a Mourinho le han estado lloviendo palos toda la semana. No importa que el Barcelona solo haya logrado empatar con un equipo ruso que dos semanas antes había perdido en esa catedral del fútbol llamada Copenhague: a Guardiola le llueven flores. Se ha convertido en un artículo de fe que todo lo que hace y dice Mourinho es pecado y lo que hace y dice Guardiola es palabra de Dios. Uno propone la tesis de que Pedro León no es ni Maradona ni Zidane y le crucifican; el otro ironiza con que "mea colonia" y aplauden la gracia. Eso sí, existen herejes, para darle un poco de miga al asunto, pero la ortodoxia nos dice que Mou es Satanás y Pep el arcángel Gabriel.

Lo fascinante es que exista un consenso general en España sobre esta cuestión. Es fascinante porque la palabra "consenso", salvo como concepto abstracto, es desconocida en estas tierras. España se define por el antagonismo, la fractura, la crispación. Pero en el terreno donde se supone que existe más división, la rivalidad Barça-Madrid, de repente hay acuerdo. El público y la prensa madridista, salvo contadas excepciones, cuestiona a Mourinho y admira a Guardiola. Igual que el público y la prensa barcelonista.

En Inglaterra, cuando estaba Mourinho en el Chelsea, había más matices. Y también más coherencia. Si eras del Manchester United, venerabas a Ferguson y detestabas a Mourinho -y a Wenger y Benítez-. La afición del Chelsea adoró a Mourinho. Decía ayer un abonado de toda la vida de Stamford Bridge que la mañana en que los fans se enteraron de que abandonaba el club reaccionaron como cuando oyeron que habían asesinado a Lennon o a Kennedy. "Fue un momento icónico atroz", explicó el amigo del Chelsea.

Quizá las cosas acaben igual con Mourinho y la afición del Madrid, pero hoy costaría creerlo. Quinientos años de absolutismo católico han dejado su huella en los hábitos mentales de los españoles, sean o no creyentes. Relativizar es cosa de paganos. Hay buenos o malos. Se santifica o se demoniza. Los grises son cosa de guiris.

Pero no hay mal que por bien no venga. La llegada del anticristo portugués a tierras españolas podría tener un valor a largo plazo incalculable. Puede ser que estemos, por fin, frente a un fenómeno que una a los españoles -el jamón ibérico sería otro, evidentemente, pero hasta ahora no ha funcionado-. El paso de Mourinho por España podría acabar superando incluso sus gigantescas expectativas. Junto a Guardiola, cuya virtud Mourinho el Malo enaltece y expande, podría acabar siendo el factor aglutinador nacional más importante desde tiempos de los Reyes Católicos.

Comparada con semejante proeza, ¿qué es la Champions? Mejor incluso que no la gane el Madrid y que el Barça siga jugando como los arcángeles. Así nos uniremos más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de octubre de 2010