Reportaje:Vida&artes

Por qué al deporte le exigimos mucho más

La superación, la excelencia y la forma física brillan en competición como antítesis de la muerte - Por ello, la continuación de una carrera o partido tras un accidente mortal siempre es polémica

El deporte, tan magnificado, tan globalizado, tan mediatizado, parece ser el único depositario de ciertos valores. Se le exige juego limpio y un respeto máximo. En la cancha, en los estadios, en los circuitos. Y también fuera de ellos. No en vano, se adjudica al término deportividad el significado de ajustarse a unas normas de corrección mundialmente asumidas, con o sin zapatillas. Así, se le pide el luto riguroso ante la muerte: que pare la competición en señal de duelo.

El fallecimiento el pasado 5 de septiembre del piloto japonés Shoya Tomizawa, de 19 años, en el ecuador de la prueba de Moto2, la categoría intermedia del campeonato mundial de motociclismo, alentó las críticas a la organización que, tras el accidente, decidió continuar con la prueba del Gran Premio de San Marino que se disputaba en Misano (Italia) y agitó el debate. ¿Qué tiene el deporte que parece ser el único sector obligado a romper sus rutinas ante una tragedia? "Simboliza una serie de valores, como la salud, la excelencia física o el espíritu de superación, que son la antítesis de la muerte. Ahí nace el primer dilema", responde, Xavier Coller, catedrático de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

"No se pide el cierre a una empresa por un accidente laboral", dice un experto
Un sociólogo cree que "chocan el valor cultural de la muerte y el negocio"
"Los deportistas son muy solidarios", sentencia Jaime Lissavetzky
Cancelar la prueba no habría implicado más respeto, según su responsable
Rossi: "La carrera debería haber sido suspendida con bandera roja"
En el estadio de Heysel hubo 39 muertos. La UEFA no alteró la agenda

"El deporte tiene tanta relevancia social que se le exige más que a otros sectores. Aún así, no hay una razón lógica por la que la sociedad ante una tragedia deba exigir que pare un partido de fútbol y no una obra de teatro. Pero no tengo duda de que los deportistas son tremendamente solidarios", reflexiona Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte. Él lo ha vivido. Estaba con los deportistas olímpicos en los Juegos de Pekín, en 2008, cuando se produjo el accidente aéreo en Barajas, donde fallecieron 154 personas. La delegación española solicitó al presidente del Comité Olímpico que se guardara un minuto de silencio al inicio de la competición aquella jornada. Pero el COI se negó. Existe un reglamento internacional; hay unas normas: "Puede parecer deshumanizado, pero es lógico. Aun así, algunos de nuestros deportistas salieron a competir con un crespón negro, un gesto de solidaridad con las víctimas por el que fueron amonestados", recuerda. En este caso, como cuando han fallecido deportistas en activo, el deporte busca seguir con la normalidad y no magnificar la tragedia. Pero no olvida. "Uno de los símbolos más grandes de solidaridad en el deporte lo vi en Andrés Iniesta este verano: marcó el gol que lo convertiría en campeón del mundo y en ese momento solo pudo acordarse de su amigo Dani Jarque

[fallecido por muerte súbita el verano de 2009]".

El día del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, el Real Madrid jugaba contra el Roma un enfrentamiento de Liga de Campeones. Hubo voces muy críticas contra la decisión de la UEFA de que este y otros partidos se disputasen aquel 11 de septiembre de 2001 -sí se cancelaron los partidos previstos para el día siguiente-. Lo mismo ocurrió unos años más tarde, tras la masacre en Madrid el 11 de marzo de 2004. Los equipos españoles que debían jugar partidos de la Copa de la UEFA aquella noche solicitaron su suspensión. El organismo tampoco transigió. La jornada de Liga de aquel fin de semana, en que, por otro lado, se celebraban unas elecciones generales, también se disputó. Muchos exigieron que se suspendieran las competiciones deportivas aquellos días de duelo. Pero nadie llamó a cerrar los grandes almacenes o los cines. Tampoco se plantea la suspensión de una corrida de toros ante una cornada fatal, por ejemplo.

Xavier Coller cree que si existe otra vara de medir es también por el efecto de espectáculo masivo que tienen las competiciones deportivas hoy día, "más aún si el accidente mortal, como ocurrió con Tomizawa, es televisado: eso tiene un efecto multiplicador que hace que el dilema engorde". "Vivimos en una sociedad en la que la muerte está incorporada como un valor cultural; le tenemos un gran respeto. Los símbolos que rodean a la muerte son muy recios y espartanos. Y una forma de manifestar ese respeto sería parar el espectáculo, más aún si es seguido por millones de personas. Es entonces cuando choca el valor cultural de la muerte, con el valor comercial y de negocio: de ese choque nace el debate", añade.

El error de conducción que provocó el 5 de septiembre la caída y el posterior atropello y muerte de Shoya Tomizawa tenía una audiencia potencial de 226 millones de telespectadores. El piloto japonés fue asistido en pista y luego trasladado. Su muerte se confirmó a las 14.20. Mientras tanto, las carreras siguieron desarrollándose con normalidad.

La responsabilidad de tomar la decisión de suspender o continuar con las carreras de motos en un caso así recae sobre Carmelo Ezpeleta, presidente de Dorna, la empresa organizadora del Mundial de motociclismo. Ezpeleta defendió aquel día que, aunque sabían de la gravedad del estado de Tomizawa, no confirmaron su muerte hasta unas horas más tarde, cuando la prueba de MotoGP estaba ya en marcha. ¿Debería haberse suspendido la carrera de MotoGP? "Mi respuesta es muy clara: el espectáculo debe continuar. Si la suspensión de la prueba hubiera servido para arreglar algo o evitar su muerte, se hubiera hecho. Pero todos los que vivimos el Mundial de Motociclismo estamos acostumbrados a este tipo de situaciones durante una carrera. Siempre hemos sabido que correr en moto lleva consigo el riesgo de sufrir un accidente. Si la pregunta es si debería haberse suspendido simplemente en señal de duelo, la respuesta es no; no hay que suspender nada. No creo que el respeto se demuestre con la suspensión de una carrera".

Pep Font, miembro del Departamento de Psicología del Deporte del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat del Vallés, que ha trabajado con muchos pilotos, cree que el debate es demagógico. "Si aquella carrera debió parar o no, no es más que un juicio moral, porque la muerte de Tomizawa no se confirmó hasta que la prueba estaba a punto de terminar. Además, estamos acostumbrados a ver muchas caídas en los circuitos y nunca pasa nada". El dilema, opina, existiría si la noticia se hubiera confirmado antes de que se diera la salida a la carrera de MotoGP. Y ni aun así puede emitir un juicio claro. "El negocio es el negocio. No se les pide a las empresas que cierren cuando algún trabajador ha sufrido un accidente. Y, en mi opinión, la decisión se debe contemplar desde este punto de vista. Dorna se dedica a producir eventos deportivos de la misma manera que una empresa siderúrgica se dedica a producir barras de hierro".

"Nadie podrá recriminarme que no estoy yo más triste que aquellos que clamaban para que paráramos las carreras", señala Ezpeleta, que solo puede entender que a los espectáculos deportivos se les exija el duelo precisamente por ser considerado un espectáculo y porque lo siguen millones de personas por todo el mundo. Además, "tiene un plus de inmediatez que no se da en otros casos". Pero no comparte la opinión de aquellos que claman para que se pare un partido o una carrera. "Nosotros tenemos otras manifestaciones de duelo. Y podemos expresar nuestro pesar por la muerte de Tomizawa sin cambiar nuestra rutina. Yo tengo dos hermanas que perdieron a sus maridos: una solo viste de negro, la otra no sigue el luto. Y no creo que sienta la pérdida más la primera que la segunda. Cuando falleció en Irak el corresponsal de El Mundo Julio A. Parrado, el periódico también salió al día siguiente. Y seguro que sus compañeros estaban igual de apenados. A mí me preocupan los pilotos y sus familias, me preocupa su seguridad, pero lo que se me exige lo exigen los pilotos, las fábricas, los patrocinadores..., es que se celebren carreras en cualquier caso, siempre que sea posible. Ése es mi trabajo".

Aquel domingo, mientras el piloto accidentado era asistido por los médicos en el circuito, la prueba de Moto2 seguía en marcha: la pista había quedado limpia de obstáculos y no suponía ningún peligro para el resto de los pilotos, que solo se enteraron de la desgracia al bajarse del podio.

Aún no eran las dos de la tarde cuando el médico que atendió a Tomizawa, Claudio Macchiagodena, informó de su estado: sufría múltiples traumatismos craneales, torácicos y abdominales y, según se pudo saber más tarde, un hematoma oprimía su corazón. Cuando una ambulancia lo trasladaba al hospital más próximo, Macchiagodena reconocía que su estado era "muy, muy, muy grave". La carrera de MotoGP, la categoría reina, estaba a punto de comenzar.

Todos los pilotos habían visto el terrible accidente mientras se preparaban para subirse a sus motos. Se pusieron en lo peor. Incluso algunos, como el mallorquín Jorge Lorenzo, quisieron conocer el estado de su colega antes de salir a la pista: "Yo echaba el ojo mientras calentaba y de repente pensé en voz alta que podía haber ocurrido lo peor y que se debía parar el gran premio, sacar la bandera roja. Fue un instante, el pensamiento de ese momento en el que ves cómo se deslizan los cuerpos por el asfalto. Estaba convencido de que algo realmente malo había ocurrido. Y por ello pregunté y pregunté. Y antes de salir a la parrilla me lo comunicaron. No era oficial, pero la fuente era creíble, contrastada. '¡Lo sabía!', pensé para mis adentros. Por una vez odié haber tenido razón", escribió el piloto en su habitual columna publicada en el diario As.

Pocos critican que no se suspendiera la carrera de Moto2, dada la incertidumbre sobre el estado de Tomizawa, pero sí hay algunas voces que lamentan que la siguiente prueba se celebrara. Álex Debón, piloto en la misma categoría que Tomizawa y ausente en Misano por una lesión en la clavícula, vio las carreras por televisión: "Desde el primer momento se sabía de la gravedad del accidente. Fue una falta de respeto. Por respeto al piloto y a sus familiares, y sabiendo lo que sabían desde el primer momento, porque sabían que estaba muerto, se debería haber suspendido la carrera de MotoGP. Pero una vez más priman los negocios, cuando otras veces se han suspendido carreras por motivos menos alarmantes, por ejemplo, por la fuerte lluvia", asegura enojado.

Algunos pilotos, conscientes de que se había marchado uno de los suyos, defienden que no se debería haber corrido más aquel domingo. "Vi el incidente por televisión. Fue brutal. De Angelis y Redding no pudieron evitarlo. El accidente fue muy grave y, en mi opinión, la carrera debería haber sido suspendida inmediatamente con bandera roja", dijo el nueve veces campeón del mundo, Valentino Rossi, aquella misma tarde.

Álex Crivillé, campeón del mundo de 500cc en 1999, estaba con los compañeros de TVE, en su puesto de comentarista, como cada domingo: "No tuvimos la certeza de su muerte hasta mitad de la carrera de MotoGP. Cuando nos lo comunicaron nos quedamos helados, sin palabras. Es delicado, porque si sabes que ha habido un accidente mortal, lo lógico es parar la carrera y pararlo todo. Es una cuestión de ética. Se debería anular la carrera como acto de respeto. Pero en este caso concreto, es difícil opinar. No sabíamos hasta qué punto estaba grave". Otras voces, en cambio, defienden la actuación de Dorna: Carlos Sainz, dos veces campeón del mundo de rally, es uno de ellos: "La gente ya sabe que éste es un deporte de riesgo, pararlo todo por un accidente no me parece justo".

Uno de los casos más llamativos en que se decidió que el espectáculo debía continuar fue el de la trágica final de la Copa de Europa de 1985, en el estadio de Heysel (Bélgica). Hubo 39 muertos y centenares de heridos entre el público que asistió al encuentro que disputarían el Juventus y el Liverpool. Tras muchas divagaciones e informaciones confusas, y pese a la negativa inicial del equipo turinés, el partido se jugó. Los directivos de la UEFA así lo decidieron. Y argumentaron para ello que querían impedir consecuencias peores. Es más, obligaron a los capitanes de ambos equipos -que no alcanzaban a conocer la dimensión de la fatal avalancha- a leer un comunicado conjunto para calmar a los aficionados.

El hoy presidente de la UEFA, Michel Platini, fue el autor del gol que dio la victoria al Juventus aquella noche, en un partido que se jugó con los futbolistas sumidos en la oscuridad, según él mismo relató el pasado mayo, cuando asistió en Turín a un homenaje a las víctimas en el 25 aniversario de la tragedia: "Todavía recuerdo aquel partido. No lo puedo olvidar". Platini se negó a volver a pisar aquel estadio. En su autobiografía, Paolo Rossi, también futbolista del Juventus, todavía recuerda con angustia aquella horrible final. Y aún hoy es incapaz de emitir un juicio claro. ¿El espectáculo debe continuar? "Tras tantos años no sé decir si fue justo disputar aquel partido".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de septiembre de 2010.

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