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Reportaje:

Rossi no se encuentra

El piloto de Yamaha, ya recuperado de sus lesiones, busca sin éxito desde Brno recuperar la agresividad de su M1

Barcelona

Perdido el Mundial, hay quien piensa que a Valentino Rossi (cuarto clasificado, a 134 puntos del líder, Jorge Lorenzo) ya no le interesa arriesgar su pellejo sobre el asfalto. Ya sabe qué es hacerse daño. Lo descubrió el pasado junio en Mugello, donde se destrozó la tibia y el peroné. Además, ya tiene nuevo equipo: Ducati. Un nuevo reto a la vuelta de la esquina. Anda preocupado por si a final de temporada su actual equipo, Yamaha, le permitirá hacer las primeras pruebas con la Desmosedici de la fábrica italiana. Y también ocupado con protestas veladas desde que en los últimos tests en Brno se le tratara como parte del pasado, no del futuro: su compañero Lorenzo y el piloto del equipo satélite de la marca japonesa, Ben Spies, probaron algunas piezas nuevas para 2011.

Él no pudo hacerlo. Su ego anda dolido. Sigue siendo el mejor piloto de todos los tiempos. Pero nada le sale a derechas este 2010, en el que firma su peor inicio de curso desde que se arrancó en la categoría reina en el 2000. Desde entonces, tras lograr el subcampeonato como rookie, ha sumado siete títulos. En este 2010, que comenzó con una victoria en Qatar, la única, se ha subido cuatro veces al podio. Poca cosa para alguien como él.

Tras un mes y dos semanas de recuperación, con operación incluida, Rossi -que solo se perdió tres carreras por lesión- volvió a montar su M1 en Sachsenring, aun con molestias y menos fuerza. Desde entonces y hasta la carrera en Laguna Seca, su equipo de mecánicos utilizó unos reglajes estándar, para que, dada su condición física, pudiera pilotar fácilmente su Yamaha. Durante el fin de semana en Brno, en la última carrera, empezaron los cambios. Ya estaba listo. Y sus mecánicos buscaron confeccionar una moto más crítica, más agresiva, a la que Rossi pudiera exigir más.

"Queríamos más aceleración y más tracción en la salida de las curvas", explica Davide Brivio, el jefe de su equipo. Pero no dieron con la tecla. El lunes siguiente, en los tests, entendieron cuál era el problema y cambiaron más cosas. "Pero aún no somos rápidos. Y hemos vuelto a aquella puesta a punto estándar. Seguimos buscando unos reglajes que mejoren nuestras prestaciones", añade. Además, en Indianapolis, Rossi tiene serios problemas de agarre con el neumático trasero. Se fue al suelo en los libres de ayer por la mañana. Y también en la sesión de clasificación, cuando buscaba la pole. Pero aún está muy lejos de su mejor versión. Hoy saldrá desde la tercera línea de la parrilla. En primer lugar: un atrevido Ben Spies. A su lado: Jorge Lorenzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de agosto de 2010