Reportaje:VUELTA 2010 | Sevilla, hoy, punto de partida

Sastre contra el mundo

El ciclista abulense, único gran nombre español entre los favoritos, encabezados por Menchov, Frank Schleck y Nibali

En los años 30, en la época en que, como escribió Thomas Bernhard, misántropo ma non troppo, el ciclista, el ser que podía permitirse enfrentarse al mundo desde arriba, sin tocar con los pies en el suelo, era el dueño del mundo, se corrió la primera Vuelta, que comienza a celebrar en Sevilla este agosto de calor africano su 65ª edición. Fue en 1935 la primera, 32 años más tarde que el primer Tour, que festejó su centenario en 2003; 26 después del primer Giro, 100 años en 2009.

Una gran carrera ciclista, la posibilidad, el deseo, de organizar un Tour por toda Francia, un Giro alrededor de Italia, era entonces, a comienzos del siglo pasado, una manifestación de modernidad a la que España, su Vuelta nacida en el bienio conservador de la República, alentada por un diario de extrema derecha, el Informaciones de la preguerra, como a todo, pobre, sin apenas carreteras transitables, llegó tarde.

"Cuidado conmigo. Soy como un huevo Kinder, lleno de sorpresas", dice el líder del Cervélo
Contador tiene que descansar. Le echará de menos su otra mitad, Andy Schleck

El ciclismo, la Vuelta, el Tour, ya no es más manifestación de modernidad, el triunfo de la máquina, sino más bien de capacidad de supervivencia de un deporte, una carrera, que no se desarrolla a velocidad de vértigo, sino morosa; que no es sencilla de comprender, sino, a veces, de difícil comprensión; que exige del espectador concentración y estudio. El ciclismo es un deporte antiguo que busca su hueco en la modernidad.

Pasado el Giro, que cree que la modernidad es sumar diseño y misses a puertos empinados y sin asfalto; pasado el Tour, que encuentra su modernidad en el gigantismo y la repetición, la Vuelta lo intentará hallar hoy en Sevilla, entre la Maestranza y la Torre del Oro, casi a medianoche, bajo focos de luces LED y cambiando el color del maillot de líder, que dejará de ser amarillo, el color que el Tour impuso como color universal de la victoria -recordatorio de que las páginas de L'Équipe, el periódico organizador, eran de papel amarillo en sus tiempos- para hacerse rojo, el color de la España triunfante, de la camiseta de los del fútbol y el baloncesto, a cuyo lado el ciclismo quiere posar también.

El ciclismo español, el éxito, fue julio y fue Alberto Contador, que no estará este septiembre, pues tiene que descansar. Mientras se hacen impensables, imposibles, un Giro sin el mejor italiano, un Tour sin el mejor francés del momento, la Vuelta ya ha aprendido a partir, y a sobrevivir, sin el mejor español, que, como ocurría también en los tiempos de Miguel Indurain, es el mejor del mundo. Le echará de menos la afición y también seguramente su otra mitad, Andy Schleck, quien, ausente el chico de Pinto, correría el peligro de no saber qué hacer en la carretera si no fuera porque le ha sustituido por su recuperado hermano Frank, quien abandonó el Tour al romperse la clavícula por tres partes en la tercera etapa y no se sintió celoso de la amistad de Contador con Andy. "Andy es mi hermano y sé que me quiere más a mí que a Alberto", dijo cuando apareció por París, por el palco de los Campos Elíseos, el 25 de julio. "Y lo va a demostrar ayudándome a ganar la Vuelta". Andy, que terminó segundo el Tour, en efecto, ya ha dicho en Sevilla que no está para ganar la Vuelta, que acabó cansado en Francia, que es el turno de su hermano mayor. El tercero del Tour, Denis Menchov, que ya ha ganado dos Vueltas y un Giro, no llega con la misma mentalidad, sino todo lo contrario, pensando en la tercera, lo que ha sorprendido y admirado a sus amigos, acostumbrados a su desapasionamiento por los segundos platos.

No estará tampoco el último ganador de la Vuelta, Alejandro Valverde, que purga su suspensión de dos años, ni quien terminó segundo en 2009, Samuel Sánchez -ni el tercero, Cadel Evans, quien en el ínterin ganó un Mundial, ni el cuarto, Ivan Basso, que ganó otro Giro después-, por lo que el papel de español solo contra el mundo -sumen al hermano luxemburgués y al ruso, al siciliano Vincenzo Nibali, tercero en el Giro- le corresponde, como casi siempre, a Carlos Sastre, quien este año ya ha corrido el Giro (octavo), el Tour (20º) y terminó tercero en la Clásica de San Sebastián, lo que, dicen sus amigos, es un detalle muy importante de su forma. "Si no pensara que puedo ganar, no habría venido", dijo el ganador del Tour de 2008, de 35 años; "y cuidado conmigo, que soy como un huevo Kinder, lleno de sorpresas".

El papel de españoles revelación, de ciclistas que enamoren y que hagan pensar que el futuro no es el desierto, les corresponde a dos vascos del Euskaltel: a Igor Anton, el único escalador que ha derrotado este año a Contador en un cara a cara (Morredero, Vuelta a Castilla y León) y a Beñat Intxausti, una perla de 23 añitos.

Los favoritos

- Frank Schleck (Luxemburgo), 30 años, ha corrido la Vuelta dos veces

y su mejor puesto fue el 48º en 2004 (equipo: Saxo Bank, Dinamarca).

- Denis Menchov (Rusia),

32 años, ha participado cuatro veces y ganó la Vuelta en 2005 y 2007 (Rabobank, Hol.).

- Vincenzo Nibali (Italia), 25 años, corre por primera vez la Vuelta (Liquigas, Italia).

- Igor Antón, 27 años, consiguió en 2007 su mejor puesto, octavo, en sus cuatro participaciones (Euskaltel).

- Carlos Sastre, 35 años

y ocho Vueltas, fue segundo en 2005 y 2007 (Cervélo, Sui.).

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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