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Verano húmedo

TOMAR CUERPO

Cheerleading. Entrenadas, en jornadas extenuantes, por un profesor de baile, adoctrinadas por el jefe de relaciones públicas, ya sesentón, luciendo bañadores elásticos, no lencería, las animadoras del equipo, diestras en movimientos sensuales, que no salaces, y en saltos coordinados, nunca excesivos -profesionales del júbilo y no del goce-, se vieron, en cuestión de horas, expuestas, cuestionadas, expedientadas y, a la postre, despedidas de su trabajo, en cuanto se hubieron difundido por la Red las cinco fotos, puro píxel, que las mostraban, en los vestuarios del estadio, vestidas con su uniforme corporativo, en una fiesta sin hombres, brindando con champán, y adoptando posturas y ademanes que, si bien parecerían inocentes a un director de revista masculina -aun cuando suscitaron unánime desencanto entre quienes clicamos el enlace Cheerleader Scandal-, parecían dejar traslucir -esa cadera aquí, ese giro del muslo, esta forma tan resuelta de asir el cuello de la botella- un tipo de entusiasmo -o quizá fuera sólo energía- que, a decir del presidente del club, firmante del finiquito, "no debía ser confundido", bajo ningún concepto, "con el espíritu de la institución".

Tuning. "¿Y... estas puntillas?". "No son puntillas, son ribetes". "Eh... bueno, pero son como de ganchillo... Esto es ganchillo". "Es látex. No lo parece porque está pintado...". "... De blanco, ya lo veo. Queda raro. Me gustaba más la braga tal como estaba antes, así con la forma de...". "... Qué manía de llamar 'braga' a la moda íntima". "Antiguo que es uno. Y queda raro". "Pues ahí, ahí está la cosa. En lo antiguo, ¿no ves? La erótica de lo añejo. El diseño de la braguita, tan escueta y tan sport, sugiere una mujer actual, una tía dura incluso, ese ha sido siempre nuestro target... así que toda la hilera de ribetes, fíjate qué bien dispuesta, es tan original, sugiere...". "... Me sugiere que me tengo que trajinar a mi tía Encarnación". "Pero qué zafios sois los heteros, Dios, no sé pa qué me molesto. La idea es que la mujer moderna lleva...". "... No me lo digas: 'irónicamente'...". "... Pues sí, lleva con ironía, como un sobreentendido, porque la seducción es un sobreentendido, un detalle de vestuario que corresponde a un modelo de mujer menos evolu... quiero decir, eh, 'anterior'. Eso sin olvidar que no todas las mujeres que llevaban ropa interior de crochet eran como tu abuela Encarni". "Mi tía, si no te importa. Vamos, que esto que has diseñado es... una calza tuneada, metabráguica, intersensual y palimpsexo: una meditación lounge sobre la Historia de la Lencería". "¡Ahora! ¡Ahora entras en razón!".

Mobbing. La mano abierta. El tono firme, monocorde y comprensivo, pero no contemporizador. La vena del cuello. La severidad. La mirada directa y la sonoridad irreversible de las palabras. La actitud franca y distante. Sobre todo, la presencia de ánimo de quien sabe convertir una escena dramática en un pasaje rutinario. La desautorización total, definitiva, del interlocutor... Poco antes del final, la idea acabó de tomar cuerpo: sólo una analfabeta sexual podría ser insensible al carisma del directivo en el instante del despido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de agosto de 2010